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La movida de Wasmosy

Enrique Vargas Peña

Para quien siga los discursos de los diversos medios de comunicación, resulta evidente que el ex presidente Juan Carlos Wasmosy ha resuelto acelerar los tiempos del proceso político.

Hay que ver cómo sus esbirros de la prensa, que son muchos y que hablan todo el día de la ética, tal vez porque carecen de ella, cambian sus puntos de vista según lo ordena el ex jefe del Estado, hecho que mencioné en un artículo que escribí el 15 de setiembre ("Problemas y logros del aparato propagandístico wasmosista").

Wasmosy no desea reemplazar al régimen, por supuesto. Desea apoderarse completamente de él. El lo ha construido y se cree con derecho a dirigirlo solo. Se trata de una disputa feudal, es decir, de una lucha por la primacía. Nada más. Y nada menos.

En ese marco, en ese y no en otro cualesquiera, adquieren sentido los cursos de acción del Directorio del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) y de Domingo Laíno, dos puntas de una misma cuerda, así como las críticas que ahora realizan al jaqueado González Macchi otros agentes de Wasmosy, como Luis Alberto Mauro y Carlos Filizzola, del Encuentro Nacional.

Hay que recordar que nadie en el PLRA, ni en el grupo de los "nuevos críticos" del Encuentro Nacional, cuestiona la legitimidad del régimen ni pide que se respeten los derechos humanos. Ningún integrante de esos grupos está en desacuerdo con la politización de la administración judicial, ni con los abusos de autoridad, ni con los principios de "obediencia debida", "orden superior" y "legitimidad judicialmente presumida de actos gubernamentales" que ahora rigen en el país.

Franklin Boccia, como Mauro, está incluso de acuerdo con amedrentar a los que pretendan hacer ejercer al pueblo paraguayo el derecho que tiene a escuchar a quien le de la gana oír.

En efecto, bajo el barullo desatado por esta crítica superficial o por el sórdido enfrentamiento entre Laíno y los secuaces de Franco, reina el consenso acerca de sostener a la dictadura.

¿Qué significa eso?

Que la estrategia única que motiva las dos tácticas del PLRA, la de Laíno y la de Franco, y a la nueva crítica de sectores del Encuentro Nacional es, simplemente, provocar el reemplazo de González Macchi y dividir el voto opositor al régimen, asegurando su supervivencia y el triunfo final de Wasmosy.

El reemplazo de González Macchi es una jugada previa y accesoria a la principal, que es evitar que el pueblo se pronuncie sobre el régimen.

Las próximas elecciones, sean estas las que se realicen para elegir al vicepresidente de la República, o sean las municipales, pues el régimen no sabe aún con cuáles le convienen, tendrán un carácter plebiscitario, fundacional. Definirán los próximos quince años, al menos, de historia paraguaya.

Si la oposición al régimen no logra, en esas elecciones, sean estas las que fueren, una diferencia significativa de votos a favor de una sóla fuerza sobre todas las demás opciones sumadas, se desvanece su chance de restaurar la democracia en el Paraguay.

Y si el régimen, entonces ya dirigido por Wasmosy solo, logra que nadie obtenga ese porcentaje de votos, habrá dado un paso decisivo, definitivo, para consolidarse, aún cuando sus candidatos resulten perdedores.

Un tercio del electorado bastó a Hitler para decir que su dictadura fue votada por la nación alemana. Demás está mencionar que las elecciones en las que obtuvo ese tercio fueron las últimas libres que hubo en Alemania hasta la derrota militar del fascismo.

Por eso Wasmosy trata de impedir que la oposición, la verdadera como ya lo aclaró Mario Paz Castaing, se organice y trasmita adecuadamente sus mensajes a la opinión pública, y a esto apuntan las acciones como las que alientan Boccia y Mauro.

Y por eso está moviendo sus piezas en el PLRA y en el Encuentro Nacional.