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Políticos y reforma

José Zubizarreta (F. Libertad)

30 de agosto de 2000

              

La reforma del Estado, consiste, esencialmente, en la obtención de dos grandes objetivos, ambos, estrechamente vinculados entre si.

El primero, se llama "achicamiento del Estado, lo que se expresaría mejor con la máxima' "desparasitacion del Estado", porque tal expresi6n define  la índole del problema.

El parasitismo, es una constante biológica que afecta a todo organismo -y, al Estado, órgano social- mas que a cualquier otro. En casos extremos, llega a poner en peligro la propia vida del enfermo.

Precisamente, esta es la situación en que se encuentra nuestro país.

Pero, en contra de lo que podría esperarse, a pesar de estar la enfermedad diagnosticada y su gravedad reconocida como "in extremis”, quienes tienen la responsabilidad de salvar al moribundo, se niegan a remediarlo.

La desparasitación del Estado (o, su achicamiento, si se prefiere la cortesía del eufemismo) significa, la ob1igación de reducir drásticamente el número de personas que perciben sueldos del Estado, para liberar de esa pesada carga al debilitado organismo social.

Pero, por desgracia (en un régimen democrático) el protagonista de esta hazaña quirúrgica debe ser el politico, quien, al mismo tiempo, es el candidato permanente (o crónico) a desempeñar funciones públicas ( y no, precisamente, con carácter “ad honorem”); es decir, aspirante a percibir aquellos sueldos  de cuya reducción depende la salud económica y moral de la república.

Por si esto fuera poco, para alcanzar los cargos apetecidos, el político necesita de la ayuda de innumerables personas a quienes debe premiar mediante el recurso de crear, para ellos, puestos remunerados en la administración pública. De esta manera, recompensa les servicios prestados y asegura la continuación del apoyo cortesano.

La ausencia de un auténtico e imprescindible quehacer para esta gente, convertida en parásitos dentro del Estado, estimula, indirectamente, la política del intervencionismo estatal.

Por este motivo, nada es tan irritantemente sensible y molesto para el político, como oir proponer el recorte de los gastos del Estado y la reducción de la burocracia. Ante el inevitable deficit fiscal que la corrupción de la función del Estado provoca, solo reciben con beneplácito la sugestión de elevar los impuestos con el propósito  de garantizar el cobro de los sueldos y el mantenimiento de la clientela cortesana sin consideración alguna a los verdaderos intereses de la comunidad.

Al respecto, constituye una escandalosa paradoja, comprobar, que en el ámbito de la medicina social, el médico empieza por defender los derechos del parásito depredador que amenaza la vida del enfermo. Por ser, los parásitos (en este caso) seres humanos, halla el político una perversa excusa para amparar al elemento patógeno origen de la enfermedad, olvidando intencionadamente que la vida del organismo social está en juego y que el número de victimas de la dolencia es mucho mayor que el agente causante de ella, cuyo derecho a vivir a costa de los demás es lo único que el político tiene en cuenta.

El segundo objetivo, que debe perseguir la reforma del Estado, es la liberalización completa de la economía nacional  vale decir  la obligación de remover todos los controles regulaciones, restricciones, leyes y ordenanzas con los cuales los funcionarios públicos traban entorpecen, dificultan, encarecen y hasta paralizan la actividad económica del país, objetivo que  implica la severa limitación de las funciones del Estado y, constituye, la única barrera eficiente contra la corrupción.

Pero, este bizarro aspecto de la reforma, es, otra vez, contrario a los intereses de la clase política.

El político, ha elegido, supuestamente, "el camino de la virtud" y del apostolado público", pero, sin embargo, esta' mirando de reojo el provecho del vecino" que trabaja ~ de cuya prosperidad, también bien desea participar para acrecentar el provecho de su "apostolado".

¿Cual es, entonces, el medio que permite al político participar en la riqueza de los demás?      

El arbitrio de elevar los impuestos no bastaría, porque ellos satisfacen un aspecto diferente de su interés y las vías de la participación permanecerían cerradas. Entonces, advierte( que es necesaria la intromisión, lisa y llana, del ente cuyo funcionamiento dirige, en los negocios particulares de los ciudadanos, para regular, interferir, prohibir, planificar y, supuestamente, ayudar a la actividad económica del país.

Para cohonestar su propósito, toma prestados del arsenal dialéctico socialista, los argumentos morales derivados de la sofisticación de ideas altruistas que se expresan, con alto poder persuasivo (para las masas ignorantes) en los "slogans" socialistas de justicia social, distribución más justa de la riqueza; capitalismo salvaje, etc., etc., con los cuales respalda políticas intervencionistas perjudiciales para la economía, como lo prueban, irrefutablemente, las conclusiones de 1a ciencia y la experiencia de las naciones.

Haciendo oídos sordos de las enseñanzas de los economistas -cuyas voces no llegan a la plaza pública:  como decía L. von Mises, insisten, porfiadamente, en el propósito de aplicar políticas intervensionistas y planificaciones absolutamente dañinas para la economía pero eficaces para permitir al  político convertirse en el "convidado de piedra" de la actividad productiva del país. Con ellas realiza el ideal de “la distribución justa”.

Sin duda, el empleo, porfiado, del instrumento que no sirve sino para robar, revela el propósito de robar.

Quizá, esta irrespetuosa caricatura, cruelmente despojada de contornos suaves engañadores sirva para hacer comprender a los políticos que sus malos procedimientos han sido ya identificados y definidos por sus compatriotas y de esta manera pueda ayudar a algunos a transformarse en verdaderos estadistas de la talla de Manuel Franco ( apellido  de buen augurio) Eligio Ayala, José P. Guggiari, Eusebio Ayala, Jerónimo Zubizarreta, y otros de 1a época del Paraguay respetado. 

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