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¿Felonía o estrategia?

Alberto Vargas Peña (F. Libertad) 

29 de noviembre de 2000

 

El Dr. Julio César Franco, vicepresidente de la Rca. desde el 13 de agosto del 2.000, gracias a una victoria electoral proporcionada por una combinación de liberales, colorados oviedistas y descontentos, ha declarado, definitivamente, que considera que el senador Dr. Luis Ángel González Macchi debe seguir ocupando el cargo que usurpa hasta el 15 de agosto del 2.003.  El, que prometió “el cambio que el pueblo quiere”, se declara dispuesto a apoyar al gobierno que vino a cambiar, y por el término que estableció, sin facultades para ello, la Corte Suprema de Justicia.

La pregunta es si se debe a una felonía del mayor calibre, o de una estrategia pensada para evitar hacerse cargo de una situación claramente imposible.

Franco prometió “el cambio que el pueblo quiere”. Se trata de una promesa electoral que , una vez aprobada y votada por el pueblo, adquiere dimensiones y calidad de mandato. Un mandatario no puede desconocer las reglas del mandato ni faltar a la promesa sin que se le denomine, cuando menos, felón. Franco es un mandatario que está violando las reglas del mandato y la promesa electoral y, por tanto, está cometiendo la peor felonía que se puede cometer dentro de una democracia.

Franco no prometió eludir la responsabilidad de gobernar, cualesquiera que sean las circunstancias sino lo contrario. Hablar del “cambio que el pueblo quiere” es hablar del cambio de gobierno. A quien no se quería en agosto y no se quiere ahora, es al usurpador. Entonces la estrategia de eludir la responsabilidad basándose en falacias seudo legales, es, ni más ni menos, una felonía.

La situación del país es, realmente angustiante. La economía ha naufragado sin forma de reflote; políticamente existe una división tajante en la sociedad paraguaya y los partidos políticos adolecen de una falta casi absoluta de credibilidad. Las instituciones no funcionan.

Los congresistas se venden al mejor postor, salvo alguna que otra excepción que confirma la regla. La administración pública está completamente podrida, sin contar con su elefantiasis. Quien se venga a hacer cargo de esto, tendrá que tener verdaderas uñas de guitarrero, porque el fracaso es mucho, pero mucho más probable que el éxito.

Todo esto es cierto e incontrovertible, pero una persona decente, o un equipo decente, no se compromete a entablar una batalla de la cual va a correr inmediatamente. Si Franco desconocía la situación antes de su compromiso, es un botarate; si la conocía y se comprometió con el pueblo con el ánimo de no cumplir la promesa, es un felón.

Lo que aparece ahora con claridad deslumbrante demuestra que el Dr. Franco conocía la situación del gobierno antes de las elecciones y que prometió intentar cambiar esa realidad, y cuando recibió el mandato del pueblo lo arrojó a la basura con el cuento de la “estabilidad” . Promover la estabilidad de una usurpación es simplemente complicidad con el usurpador.

El Dr. Franco ha burlado al deseo de sus votantes, lo cual es una felonía sin entrar a considerar los motivos, que pueden ser varios y ninguno decente. Con ello ha comprometido al Partido Liberal Radical Auténtico, que no podrá restaurar la confianza en el electorado, en mucho tiempo.

        La estrategia de Franco no es la de los estadistas, si es que se trata de estrategia; es la de un felón.

   

    

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