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La convención argañista

Alberto Vargas Peña (F. Libertad) 

28 de noviembre de 2000

 

La ANR se ha convertido, por obra y gracia del golpe de estado de marzo de 1999 y el culto de los muertos, en propiedad privada de la familia Argaña. Nunca, en la larga historia de las vicisitudes políticas paraguayas había sucedido semejante cosa. Desde la muerte del segundo López nunca una familia había reivindicado – ni conseguido – el poder político en una nación que, según su Constitución original, “jamás sería de propiedad de una familia”.

La última Convención realizada en el ya viejo edificio de la calle 25 de Mayo, fue una reunión exclusivamente argañista, presidida por un cadáver constantemente exhibido por uno de sus hijos, que sin ser convencional, ministro o congresista, fue el centro, la voz y el voto en la reunión.

El fantasma de Argaña planeaba sobre los asistentes mientras su hijo Nelson oficiaba la misa negra, y así, los otrora orgullosos “colorados”, que resistieron victoriosamente la intentona de Alfredo Stroessner de nombrar heredero a su hijo, se vieron sobrepasados por la oratoria incoherente, desencajada e insultante del ex ministro de Defensa.

La Convención argañista fue convocada para modificar los estatutos de  la ANR, de modo tal que Nicanor Duarte Frutos, actual Ministro de  Educación pudiera postularse a la presidencia del partido; he aquí que Nicanor no rindió culto al muerto de acuerdo con los cánones de la familia, y entonces la Convención sirvió para cortarle las alas.

Los votos dejaron a Nicanor con un palmo de narices, puesto que , por ahora, no podrá postularse a ningún cargo directivo dentro del Partido Argañista. Hoy, para ser miembro de esa Junta de Gobierno, no hay que tener otro mérito que satisfacer, al pié de la letra, los deseos del clan Argaña.

¿Se volvió el Paraguay una monarquía? Cualquiera que hubiera escuchado los discursos de Nelson Argaña se hubiera llevado esa impresión. “Hay que respetar al Dr. Argaña”...”No hay que ofender al cadáver del Dr. Argaña”, eran las frases que podía hilvanar a los gritos. Y el cadáver fue respetado. Nicanor perdió.

¿Pero perdió realmente?  Si se piensa que debía obtener dos tercios de los votos presentes perdió. Si se piensa que él solo tuvo casi tantos votos como tres movimientos argañistas juntos, casi ganó. En realidad, la Convención del argañismo lo único que demostró fue que la ANR está en otra parte.

La Convención pasó a cuarto intermedio- con sesenta días de lapso previsto – sin resolver la cuestión vital, que era decidir el cambio de los estatutos. Pero como hay otro Partido Colorado afuera, mucho más populoso que el de adentro. Lo que quedó demostrado es que el argañismo no solamente es fundamentalista, no solamente tiene como doctrina la adoración de los muertos, sino que también está en plena e irreversible decadencia.

           La consecuencia de todo esto parece que será la división entre  colorados y argañistas. Se habla ya de una Junta de Gobierno paralela, que intentará reorganizar el partido sobre bases republicanas y no faraónicas. El culto de los muertos está hartando a todo el mundo y si antes de la Convención argañista había muchos colorados que se sentían colorados y argañistas ahora hay pocos que duden que para ser argañista hay que ser únicamente argañista. Y eso es difícil de tragar.

              

   

    

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