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El misterioso caso Argaña

Alberto Vargas Peña (Fundación Libertad)

28 de julio de 2000

 

El caso del supuesto asesinato del vicepresidente de la Rca. Dr. Luis María Argaña se ha convertido en un sainete. Las acciones de algunos beneficiados económicamente con la muerte del funcionario, compra de testigos falsos y torturas para conseguir confesiones, e instrumentación de la Justicia en procesos viciados de nulidad absoluta, hacen pensar en una de las posibilidades que fue barajada desde el mismo día del supuesto atentado.

La versión que cobra cuerpo en Asunción es que el Dr Luis María Argaña vivía ya separado de su esposa y murió de un infarto en la casa de su amante. Conocida inmediatamente la muerte fue establecida una trama impulsada por José Planás, hoy ministro de Obras Públicas y perteneciente al entorno íntimo de Gustavo Stroessner, Walter Bower, del mismo entorno, Juan Carlos Galaverna, del entorno de Juan Carlos Wasmosy y Maura Harty, embajadora de los Estados Unidos de América.

Ellos tramaron la comedia del atentado, que costó la vida al guarda espaldas de Argaña, que ni siquiera desenfundó su pistola lo que demostraría que no contaba con que le dispararían ,y del cual se salvó, por milagro, el conductor del vehículo, hombre del entorno de Juan Carlos Wasmosy. Como el atentado no sirvió para promover el juicio político al presidente constitucional Raúl Cubas, fue organizado el crimen de la Plaza del Congreso.

Esta versión aparece como verosímil por la forma como fue conducido el proceso, la aparición de testigos falsos, las contradicciones del conductor del vehículo, y el asesinato, aleve, de “Coco” Villar, entregado por el Obispo católico Ramón Cuquejo Argaña.

Por otra parte, era conocida la enfermedad terminal que aquejaba a Argaña, un cáncer de colon que había sido tratado en Lyon en septiembre de 1998 y cuyo diagnóstico estaba en poder de Conrado Pappalardo Zaldívar, uno de los diputados acusados falsamente de haber asistido a una reunión que hoy se sabe, con certeza judicial, que nunca se produjo.

Argaña, en septiembre, tenía un plazo de no más de noventa días de vida. Ese diagnóstico lo tuve en mis manos, exhibido por el Dr. Conrado Pappalardo , así como el diagnóstico de su enfermedad mental tratada sistemáticamente en la Argentina.

Yo no sé con certeza si Argaña estaba o no muerto cuando fue fusilado.

Las evidencias permiten suponer que sí. Tenía un acentuado rigor mortis inocultable, no sangró por las heridas, ni demostraba sorpresa en el rostro como hubiera sido lógico ante un ataque como el que fue descrito. No se le hizo una autopsia en serio y en su certificado de defunción oficial no figura la menor observación referida a la causa de la muerte. Los agujeros de bala existentes en la camioneta que lo conducían no coinciden con las heridas presentadas por el cadáver, y la herida principal demostraría que fue efectuada a cortísima distancia.

        La muerte de Argaña, y los crímenes de la Plaza del Congreso derribaron un gobierno constitucional y lo reemplazaron por uno ilegítimo y usurpador. Sus beneficiarios se han enriquecido de manera sorprendente hasta para los usos paraguayos. Es lícito entonces preguntarse que ocurrió. 

 

             

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