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La credencial democrática

Alberto Vargas Peña (F. Libertad)

27 de diciembre de 2001

 

El vocero de la embajada de los Estados Unidos en el Paraguay, Sr. Mark Davidson ha expresado que un político paraguayo, el Gral. Lino César Oviedo, no tiene “credenciales democráticas” y por tanto sigue teniendo el veto del gobierno estadounidense para actuar en la política paraguaya.

El Sr. Davidson ha expresado dos cosas: Una, que su país tiene derecho de veto en el Paraguay, y que las “credenciales democráticas” no las otorga el pueblo sino el gobierno de Estados Unidos.

Si bien existe una doctrina de “no intervención”, hoy se  acepta que las naciones que no tienen gobiernos democráticos son un peligro para el conjunto de naciones que conforman la comunidad internacional. Los Estados Unidos de América, sobre la base de las nuevas doctrinas de intervención en caso de violaciones a la democracia, ha intervenido militarmente en Grenada y Panamá, y en forma solapada en varios otros países. Pero el criterio que se siguió fue el de tratar objetivamente la “credencial democrática”.

La “credencial democrática” estaba extendida por la presencia libre y soberana del pueblo en la elección de autoridades y en cumplimiento estricto de las normas constitucionales de cada país, siempre que estas establecieran un “estado de derecho”. Nunca se había dicho que el gobierno de los Estados Unidos podía otorgar “credenciales democráticas” a despecho de estos principios.

El Sr. Davidson, al negar la “credencial democrática” a Oviedo y descalificarlo como pretendiente a la presidencia del Paraguay, ha extendido,  implícitamente, al gobierno paraguayo, nacido de un golpe de estado y a espaldas de la Constitución, la citada “credencial”.

Davidson, por ejemplo, otorga la “credencial democrática” a un gobierno que sistemáticamente viola la Constitución y se jacta de ello. Ni por su origen, ni por su gestión, el gobierno paraguayo puede ser considerado objetivamente democrático. Todo lo contrario.

Es obvio que legalmente, dentro del principio de legalidad establecido por la Carta de las Naciones Unidas, el gobierno de los Estados Unidos no puede otorgar arbitrariamente “credenciales democráticas”. Es obvio además, que como potencia hegemónica o única superpotencia, puede hacer lo que se le dá la gana. Pero al hacerlo, pierde su condición de líder de la democracia para constituirse simplemente en un Imperio más.

Es obvio que el gobierno de los Estados Unidos no puede, legalmente, vetar un candidato en la República del Paraguay, supuestamente libre e independiente. Pero es más obvio todavía que puede hacerlo y lo hace, y no solamente lo hace, sino que lo dice públicamente. El gobierno de los Estados Unidos impone al Paraguay una sumisión ilegal que lo convierte, no en defensor de los valores democráticos y liberales del mundo, sino en trasgresor.

El gobierno de los Estados Unidos se parece, cada vez más, al del Tercer Reich  o la URSS.

Me parece que con la cuestión de las “credenciales democráticas” y el veto, el gobierno de lo Estados Unidos pierde mucho más que Lino Oviedo, porque pierde la justificación moral de su presencia mundial.

 

 

    

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