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La sentencia de Bogarín

Alberto Vargas Peña (F. Libertad) 

26 de octubre de 2000

       

Desde hace meses se conocía que el Dr. Jorge Bogarín dictaría una sentencia condenatoria contra el Mayor  Reinaldo Servín, en el caso del supuesto atentado contra el Dr. Luis María Argaña. El Mayor Servín  tenía el pecado capital de haber sido operador político del Gral (sr) Lino Oviedo mientras estuvo en situación de retiro.

El Mayor Servín fue condenado a veinticinco años de prisión porque aparentemente tuvo comunicaciones telefónicas con el Sr. Constantino Rojas. Las evidencias presentadas son informes de la compañía Telecel. No se conoce el texto de las comunicaciones, sino simplemente la afirmación de Telecel que el Mayor Servín utilizó su teléfono celular para comunicarse con el teléfono celular del Sr. Rojas.

Servín demostró fehacientemente que mientras ocurrían esas llamadas –  si es que en realidad ocurrieron- él no hubiera podido hacerlas, porque se encontraba en un curso militar donde no se permitía el uso del teléfono. Presentó en su descargo el testimonio de los jefes que impartían el curso y de los camaradas que estuvieron con él.

Servín pidió también una nueva autopsia del cuerpo del Dr. Argaña,  porque existe una vehemente presunción que Argaña estaba ya muerto cuando fue objeto del “atentado” en marzo de 1999. No existe una autopsia confiable. La que se hizo fue llevada a cabo sin presencia de la  defensa y en condiciones extremadamente irregulares y por un médico que es pariente cercano de unos de los posibles complotados en la conspiración de marzo de 1999.

El juez rechazó el pedido por improcedente. La  versión es que Argaña tuvo un  primer ataque al corazón en brazos de su amante, una conocida presentadora de televisión y murió en su casa, el 22 de marzo entre las 18 y las 22 horas de marzo de 1999.

La defensa no pudo repreguntar a los testigos en ningún caso. Se le ocultaron evidencias vitales y se le impidió presentar evidencias en su descargo. El juicio íntegro no fue más que una patraña montada sobre la base de las declaraciones de un testigo absolutamente falso, Gumersindo Aguilar, que en todo momento fue protegido por el juez y los fiscales.

La razón de la condena de Servín es que puede servir de nexo entre el supuesto atentado y el Gral. (sr) Lino César Oviedo, que es a quien se quiere culpar del hecho. En realidad el único que no debía pensar en hacer matar a Argaña era Oviedo, ya que la presencia de Argaña como vicepresidente de la República impedía todo acuerdo para hacer un  juicio político al Ing. Raúl Cubas, entonces presidente de la República.

La sentencia de Bogarín por lo menos tiene el mérito de haber dado por terminadas las funciones de un magistrado que no quiso nunca averiguar la verdad. Ahora, desvinculado de la causa, posiblemente los defensores del Mayor Reinaldo Servín puedan presentar las pruebas en descargo de su defendido. En realidad Bogarín organizó un proceso absolutamente nulo, cuya nulidad es fácil de demostrar.

         Me pregunto si Bogarín no tuvo la secreta intención, al no poder resistir las presiones a que fue sometido principalmente por el sector argañista de la ANR, de dejar a la vista nulidades tan obvias que ninguna Cámara de Apelaciones pueda desconocer. No teniendo carácter para hacer lo que se debía, pudo haber optado, de manera ostensible, por hacer lo que no se debía, para que proceso fuera anulado. 

 

 

    

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