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DEFINIENDO LA REFORMA

Alberto Vargas Peña ( miembro de la Fundación Libertad)

Yo creo que la reforma del estado debe basarse en tres puntos concretos:

La reforma que transforme al Paraguay de un pais unitario en uno descentralizado, casi federal; la reforma del sistema electoral que derogue la representación proporcional y la reforma judicial, que establezca un sistema diferente de elección de miembros de la Corte Suprema de Justicia y todos los magistrados inferiores y la forma de enjuiciarlos, destituirlos y castigarlos.

La descentralización que yo concibo y propongo se basa en los Departamentos y su autonomía casi total con respecto al gobierno central. Dentro de este esquema las rentas del Departamento serían percibidas por el Departamento, administradas por el Departamento e invertidas en el Departamento, con una pequeña contribución, no mayor del 10% al gobierno central. Esta descentralización ya la propuse y describí más minuciosamente en mi libro " Lo Contrario de lo que Hay" y tiene como objetivo el desarrollo armónico del país.

La reforma electoral debe acompañar a la descentralización. Debe haber una clara separación entre la Cámara de Senadores, que debe representar a los Departamentos y la de Diputados, que debe representar los intereses de las circunscripciones electorales tanto Departamentales como de la Capital. Las elecciones deben ser uninominales y no por listas, para eliminar la posibilidad de la partidocracia, que tanto daño ha hecho al país y a la democracia.

La reforma judicial debe tender a establecer sanciones efectivas a los malos magistrados, con Jurados ad hoc y para los miembros de la Corte Suprema, un Jurado, también ad hoc pero de mayor envergadura jurídica. Hay que eliminar el Consejo de la Magistratura y elegir jueces mediante oposiciones, camariastas mediante nombramientos directos de la Corte y miembros de la Corte por el Poder Ejecutivo con acuerdo del Senado.

Otras reformas constitucionales que no reforman el estado deberían ser la supresión del capítulo referido a la reforma agraria y los derechos laborales, puesto que ambas cosas deberían tener apenas rango legal con el objetivo de poder ser actualizadas por vía del Congreso conforme haya necesidad. Yo suprimiría también el subsidio estatal a los partidos políticos, pero eso tampoco implica una reforma del estado.

Las reformas que proponga cambiarán radicalmente al estado paraguayo y se podrá enfrentar las dificultades del siglo veintiuno con alguna posibilidad de salir adelante. La globalización económica y la liberalización del los mercados exige competitividad en todos los sentidos, y precisamente la competencia es lo que hará que los Departamentos descentralizados se afanen por progresar.

Por supuesto hay muchas más cosas que cambiar, pero ellas no implican reformas del estado, La ley 200 debe ser actualizada: la ley 213 debe ser flexibilizada; hay que sancionar una ley antimonopolio y posteriormente privatizar las empresas públicas; hay que entregar el IPS a sus legítimos propietarios que son los aportantes, y, en fin, limitar muy severamente el gobierno central.

El ciclo del centralismo se agotó en el Paraguay y hay que cambiar. En el cambio estará el progreso; en el status quo la miseria.