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La renuncia del usurpador

Alberto Vargas Peña (F. Libertad) 

24 de julio de 2001

 

El sábado 21 de julio, a la tarde, el país respiraba aliviado. Corría el rumor
que el usurpador Luis Angel González Macchi había presentado renuncia al
puesto que ilegalmente ocupa. A eso de la medianoche, la ilusión terminó.
Todos los allegados al usurpador desmentían, airados, el rumor. Si el
domingo fue de expectativa, el lunes fue de profunda desilusión. González
Macchi no había renunciado.

Ocurre que si el usurpador se va, el gobierno legítimo que venga tendrá
indefectiblemente que hacer cumplir la Constitución, so pena de convertirse
también en violador de la Carta Magna. Aplicando los artículos 137, 138 y
236 tendrán que: a) declarar nula toda la gestión gubernamental desde el 1ro
de Julio de 1.999 hasta el día de la caída de la usurpación; b) declarar nulos
todos los acuerdos con gobiernos extranjeros y organismos internacionales
producidos en el mismo lapso; c) disolver el Congreso por la usurpación
producida en la Cámara de Senadores en razón de su falta de quorum desde
marzo de 1.999 hasta la caída de la usurpación; d)aplicar las inhabilidades
por atentar contra la Constitución a los militares y civiles que participaron del
golpe de marzo de 1.999.

Ninguna disposición, ninguna ley, ningún acuerdo, ningún convenio
realizados en el lapso de la usurpación tienen valor para la Constitución
paraguaya. No hay forma de volver a la legitimidad sin hacer funcionar
adecuadamente los artículos 137, 138 y 236. Esto creará, ciertamente, un
problema de ardua solución, pero es lo que hay y no puede ser cambiado en
forma alguna. Ni siquiera una reforma completa de la Constitución puede
tener el efecto retroactivo indispensable para legitimar el gobierno de la
usurpación.

Hace un tiempo me preguntaba yo que sostenía a González Macchi, puesto
que es el más impopular de los gobernantes paraguayos a través de toda la
historia. Ahora que reflexiono más a fondo encuentro que lo sostiene el
inmenso problema creado con la usurpación, que alcanza en realidad a casi
todos los que han rozado el gobierno desde el 1ro de julio de 1.999, y a
todos los que dieron el golpe de marzo de ese mismo año. En realidad,
cuando caiga el gobierno de la usurpación se tendrá que producir una
proscripción constitucional que abarcará a más del noventa por ciento de los
políticos que actualmente son protagonistas del quehacer político paraguayo.

Muchos opositores, al contemplar el negro panorama que se extiende ante
sus ojos, se ponen a temblar. Probablemente nunca pènsaron, cuando
dieron el golpe en marzo de 1.999, que la acción iba a tener consecuencias
tan vastas y profundas.

Los paises que han convenido algo con el Paraguay también miran con
pavor un cambio. Y los organismos internacionales de crédito, al estudiar la
Constitución paraguaya tiemblan por sus irresponsables créditos otorgados a
un gobierno usurpador. Cuando se produzca el retorno a la legitimidad, se
verán en la situación de estafados, sin derecho a la defensa. Simplemente el
gobierno legítimo tendrá que negarse a honrar esos créditos y acuerdos,
para mantener su legitimidad.

Toda esta maraña de posibilidades es lo que en realidad sostiene a una
persona que no solamente ha demostrado que no sirve para ocupar el cargo
que usurpa, sino que probablemente no quiera seguir ya en él. Tal vez no
vea la forma de escapar de la trampa en que se encuentra metido, pero eso
es apenas una conjetura. El hecho es que la Constitución no permite
legitimar lo hecho, sin límite en el tiempo. Y eso es una cosa muy grave
porque el primer gobierno verdaderamente legítimo tendrá que hacer cumplir
la Constitución.

González Macchi aparentemente no renunció el sábado 21 de julio del 2.001.
Y tiene buenas razones para no hacerlo.

    

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