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La "intromisión" del embajador

Alberto Vargas Peña (F. Libertad) 

22 de marzo de 2001

La embajadora de los Estados Unidos en el Paraguay, Maura Harty, fue una de los artífices de la conspiración y victoria de quienes hoy usurpan el gobierno paraguayo. Actuó como un elefante en una cristalería, impuso jefes militares, impuso fallos aberrantes de la Corte Suprema de Justicia, impuso tribunales militares especiales y luego derribar al gobierno constitucional, evitó que se investigara la muerte del Dr. Luis María Argaña, que pasa como un atentado. Una intervención, digna del manual.

Los partidarios del gobierno usurpador estaban encantados con los Estados Unidos de Clinton. Wasmosy y sus amigos creían en la eternidad de su impunidad. González Macchi creía en lo definitivo de su designación y que no importa lo que hiciese llegaría al 2.003 como presidente de la República.

Entonces todos eran aplausos para Maura Harty y su subalterno y reemplazante Stephen Mc Farland. Cuando este último visitaba a los jueces para que no hubiera debido proceso en ningún caso complicado, Francisco José de Vargas, Luis Mauro y otros senadores que sostienen al gobierno usurpador aplaudían sin reticencia.

Ahora el embajador David Greenlee va a visitar al juez Jorge Bogarín y en nombre de su gobierno le da su respaldo siempre que cumpla con las reglas del debido proceso y, sobre todo, lo apoya frente al senador de Vargas, que quiere enjuiciarlo por haber dado la libertad ambulatoria a los senadores oviedistas presos. Entonces se levantan las airadas voces de los partidarios de la usurpación, que dicen que lo hecho por el embajador es una intervención inaceptable en los asuntos internos paraguayos.

Yo nunca estuve de acuerdo con la intervención y protesté de la forma más airada cuando Maura Harty derribó al gobierno constitucional, que estaba lejos de ser un gobierno de mi predilección, y ahora, aunque me siento satisfecho que el Hermano Mayor le haya dado una bofetada sonora a los usurpadores - satisfecho, contento y feliz - vuelvo a afirmar que la intervención es una grosería. Sin embargo, si la intervención es para imponer una democracia en serio, soy capaz de admitirla.

Lo hecho por Maura Harty y David Greenlee pueden tener la apariencia de ser la misma cosa, pero no lo son. Maura Harty intervino para imponer una tiranía y Greenlee lo hace para imponer el "debido proceso". Como victima del "proceso indebido" tengo que sentirme contento.

Mucha gente dice que los trapos sucios se lavan en casa y entre nosotros. De acuerdo, si primero nadie haya intervenido para ensuciarlos. Como los Estados Unidos - vía Maura Harty - intervinieron para hacer posible la usurpación y la tiranía, es justo que sea el gobierno de los Estados Unidos el que comience a reparar el daño.

 

 

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