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LAMENTO TARDÍO

Alberto Vargas Peña (miembro de la Fundación Libertad)

Cuando en 1990 el gobierno paraguayo decidió entrar en el MERCOSUR entonces a punto de nacer. Hubo algunas voces lúcidas que advirtieron que el Paraguay saldría fuertemente perjudicado. Esas voces fueron prontamente acalladas por las de los políticos que necesitaban el blanqueo internacional y veían al MERCOSUR como un espacio adecuado para lograrlo, y las de los irresponsables dirigentes empresariales que se encandilaron con el espejito del "mercado ampliado".

Yo revisté en el equipo de los que se opusieron a comprometer al Paraguay en un mercado común proteccionista, y abogué por la fórmula " comerciar con el mundo". Mi razonamiento era sencillo. Si el Paraguay debía hacer un esfuerzo para convertirse en un país competitivo dentro del MERCOSUR, era mejor organizarse para competir en el mundo, con la libertad plena de abrir y cerrar la espita conforme fuera conveniente. Como muchas veces antes, y muchas veces después, mis razonamientos fueron echados en saco roto y el Paraguay entró de cabeza al MERCOSUR, con una industria obsoleta, mal gerenciada – o mejor, no gerenciada – con empresarios prebendarios fruto de políticas gubernamentales perniciosas y descapitalizada por un sistema impositivo anti industrial.

Los dirigentes empresariales no movieron un dedo para hacer competitiva la industria; admitieron un código laboral que garantiza la ineficiencia y la falta de productividad, y un sistema político que garantiza la falta de inversión.

Hoy, la entrada en vigencia de los acuerdos finales en lo relativo a aranceles plantea al Paraguay un desafío terrible, puesto que la falta de competitividad industrial garantiza un periodo de avasallamiento total. ¿Cómo se saldrá de esto? No habiendo proyectos de ninguna naturaleza, y con un gobierno ilegítimo, usurpador ,irresponsable y arbitrario; con una justicia inexistente y un Congreso ignorante y avieso, no se saldrá.

Por supuesto que existirán bolsones de actividades que progresen dentro del MERCOSUR, y alguna que otra empresa obtendrá beneficios porque se ha preparado para competir, pero en el plano general la industria paraguaya será arrasada, y tendrá que cerrar sus puertas.

Los representantes de las industrias extranjeras se instalarán con oficinas comerciales en el país e inundarán el mercado con sus productos. Se trata de una ley económica inexorable. Gana el mercado quien vende más barato, con mejor calidad y mejor atención.

La alternativa al desastre es denunciar el Tratado del MERCOSUR y comenzar de cero un nuevo intento por competir en el mundo o comerciar con el mundo. Esto nos pondrá frente a las narices una barrera aduanera del 34% para ingresar en mercados tradicionales, como el brasilero o argentino. La salida del MERCOSUR significará un tiempo de penurias bastante acentuadas.

Por supuesto, los responsables quedarán impunes, y preparados para equivocarse una vez más, con el aplauso de una prensa ignorante.

Entretanto, hemos dejado que el único bastión de comercio libre y progresista – Ciudad del Este – fuera calumniado y destruido, en nombre de una moral comercial que no existe en el mundo. Calificados como piratas y contrabandistas, los sostenedores de la economía paraguaya irán al Brasil como su "know how" comercial incomparable, y Foz de Iguazú reemplazará a Ciudad del Este.

No hay duda que los paraguayos tenemos una clara inteligencia para hacer las cosas al revés.