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Lo ocurrido en la Plaza

Alberto Vargas Peña (F. Libertad) 

21 de noviembre de 2000

  

Gracias a unas entrevistas realizadas por el periodista Hugo Ruiz Olazar y publicadas en ABC Color el domingo 19 y el lunes 20 de noviembre, han aparecido nuevos testimonios en el llamado “caso de la Plaza del Congreso” que desmienten absolutamente la versión oficial y la de los jueces, que no difiere un ápice de esa interesada versión.

Yo sostuve, desde el mismo inicio de esta discusión, que en la Plaza  del Congreso aquel viernes negro de marzo de 1999 hubo un enfrentamiento, y que las muertes producidas fueron debidas, más que nada, a acciones deliberadamente llevadas a cabo por fuerzas de la entonces coalición antigubernamental, incluida la policía manejada ya por Carlos Cubas, de filiación argañista, hermano del entonces presidente constitucional Ing. Raúl Cubas.

Ahora, los nuevos testimonios de personas que fueron protagonistas de los hechos, demuestran que hubo enfrentamientos entre dos fuerzas políticas antagónicas. Falta saber si tengo razón en lo que se refiere a los crímenes que se produjeron durante ese enfrentamiento.

La investigación judicial se hizo deliberadamente mal, y no se cumplieron pasos absolutamente necesarios para buscar la verdad.

Primero, no se hizo la autopsia de ningún cadáver; luego, no es posible afirmar de donde partieron los disparos. No se tiene el calibre de las balas mortales, ni se conoce su trayectoria. Se atribuyó la muerte de algunas personas a gente que estaba disparando desde puntos desde los cuales no hubieran podido herir a nadie.

Se ignoró el hecho de que sobre el tejado del Senado había apostados tiradores con armas largas que dispararon contra la multitud y que en La Catedral Metropolitana había depósitos de armas.

Es decir, la versión oficial estuvo prefabricada para que se constituyera en la versión judicial, lo que me indica, y nadie ha demostrado lo contrario, que la operación formaba parte del complot contra el gobierno y que, entonces, los asesinos tenían que ser, necesariamente, los complotados.

Algunos sostuvieron la peregrina teoría que como los partidarios del entonces presidente Cubas “tenían un lenguaje violento” debían de ser, necesariamente los culpables, lo cual es una patraña porque tanto oviedistas como argañistas tenían el mismo lenguaje, siendo el argañista el tradicionalmente más violento.

Los que condujeron a la gente al matadero después denunciaron que gente inocente tenía responsabilidad en estos hechos. El abogado del Senado Jorge Vasconcellos nos acusó al Director de La Nación y a mí de haber utilizado las columnas del periódico para hacerlo y el diputado Marcelo Duarte reiteró la denuncia contra mí, habiendo estado yo, toda la semana anterior al suceso, en Jamaica, en la Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa.

Los jueces me procesaron y todavía estoy defendiéndome de esa infamia en los tribunales manejados por los complotados.

Para mí el caso de la Plaza del Congreso es muy importante y me siento satisfecho que aparezcan nuevos testimonios acerca de lo que realmente ocurrió, y espero que pronto sea conducida una investigación seria de lo ocurrido, desde los llamados de Francisco de Paula Oliva, hasta las acusaciones delirantes que fueron parte del complot.

Por el momento la versión oficial ya quedado hecha añicos, y eso ya es un gran paso.

   

    

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