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La herencia de Clinton

Alberto Vargas Peña (F. Libertad) 

20 de diciembre de 2000

  

No voy a hablar, por supuesto, de la herencia de Clinton en los Estados Unidos de América. Voy a referirme exclusivamente a la herencia que deja en el Paraguay, país al que manipuló y en el que intervino sin escrúpulos, probablemente con fines estrictamente económicos.

La Embajadora de Clinton, Maura Harty, dirigió el complot que trató de impedir la victoria del Gral. Lino Cesar Oviedo en las elecciones de 1998. Bajo la supervisión de Peter Romero, el hombre de Clinton para América Latina, Maura Harty al llegar al Paraguay hizo unas declaraciones diplomáticamente incomprensibles. Dijo que uno de los candidatos a la presidencia de la República “no tenía credenciales democráticas”. A partir de allí a ese candidato, cuyo discurso no era ni más ni menos que el mismo discurso de todos los postulantes al cargo, incluido el socialdemócrata Domingo Laíno, se lo sometió a un tribunal militar prohibido por la Constitución paraguaya, se le revivió un proceso fenecido – también cuestión prohibida por la Constitución – y  se lo condenó sin darle oportunidad de defenderse. Maura Harty, en nombre de Clinton, alabó el “proceso” y le dio patente democrática.

Ocurrió que pese a todo el pueblo eligió al hombre de Lino Cesar Oviedo para presidente de la Rca. y desde ese momento Peter Romero y Maura Harty conspiraron para derribar el gobierno constitucional del Ing. Raúl Cubas, una nulidad que no supo hacer valer la condición de país  soberano del Paraguay. La conspiración se aprovechó de la muerte del Dr. Luis María Argaña – cuyos detalles no se conocen porque Maura Harty no envió el pedido oficial paraguayo a la Oficina Federal de Investigaciones, FBI – y llevó adelante una masacre alevosa en la Plaza del Congreso, lo que al final consiguió que el timorato presidente resignara su mandato.

La Embajada estadounidense, manejada ya por Stephen McFarland, conspiró para que la Corte Suprema de Justicia, en un fallo escandaloso, proclamara presidente “constitucional” al senador González Macchi, contrariando los artículos 227 y 234 de la Constitución. Desde entonces en el Paraguay se desató una terrible persecución contra los  adversarios políticos, se reinstauró el sistema de torturas, se utilizó a la Justicia para meter opositores en la cárcel y se instauró un régimen autoritario como el de Alfredo Stroessner.

¿Cuál fue la motivación de Clinton para destruir la vacilante democracia paraguaya? Hay indicios del por qué. Mark Jiménez, el amigo personal de Clinton y testaferro, es amigo personal de Juan Carlos Wasmosy, y con él llevó adelante en Ciudad del Este un negocio de trescientos millones de beneficios líquidos al año, exportando electrónica y software de computadoras al Brasil y la Argentina. Por otra parte, entre ambos manejaron un lucrativo negocio de contrabando de armas y de triangulación de cigarrillos. Se sabe positivamente que el Partido Demócrata recibió dinero de la dupla Wasmosy/Jiménez, destinada a la reelección de Clinton. No se puede descartar que la motivación de Clinton haya sido simplemente utilizar al Paraguay para su beneficio personal.

La herencia de Clinton en el Paraguay, cualquiera que haya sido su motivación, es espantosa; la democracia desapareció, volvieron las torturas y las violaciones a los Derechos Humanos, la Justicia fue politizada y envilecida y en el Paraguay hay un gobierno que no fue elegido por el pueblo.

          Es de esperar que el presidente Bush repare, a corto plazo, el daño que nos hizo Clinton.

    

  

    

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