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Las presiones brasileñas

Alberto Vargas Peña (Fundación Libertad)

20 de julio de 2000

      

La naturaleza del gobierno paraguayo, ilegítimo y usurpador, lo hacen débil para negociar con cualquiera, y con mucho mayor razón, con el Brasil. La potencia imperialista – porque no solamente tiene dinámica imperial en razón de su masa sino en razón de su política – busca, desde hace siglos, convertirse en una nación bioceánica, y una de las piedras en su camino siempre ha sido el Paraguay.

En el siglo 19 la cuestión paraguaya casi fue resuelta por la fuerza, pero la alianza brasileño-argentina se quebró antes que el Brasil pudiera quedarse para siempre con los territorios que ya entonces ambicionaba. La rivalidad entre lo que eran las potencias hegemónicas sudamericanas de entonces salvó al Paraguay de una última y definitiva desmembración. Brasil y Argentina se neutralizaron entre sí, y luego de haber vencido en la guerra no pudieron recoger los frutos de su victoria. Brasil, es cierto, se apoderó definitivamente del Matto Grosso, pero no pudo avanzar más. El Pacífico siguió siendo un océano demasiado lejos.

Después de un largo periodo de hegemonía argentina en el Paraguay, Ytamaraty comenzó la marcha hacia el oeste con el Ponte da Amizade, un caballo de Troya genialmente utilizado por Juscelino Kubistchek para ir eliminando a los argentinos en la cuestión paraguaya. Desde ese momento, y gracias a que Stroessner en realidad era hombre del Brasil, el Imperio fue ganando la simpatía – y ciertamente la economía – de los paraguayos.  Una política de garrote-zanahoria le fue aplicada al Paraguay y mientras por un lado amenazaban con apoderarse militarmente de los Saltos del Guairá , por el otro admitían construir, supuestamente a su costa, la represa más grande del mundo: Itaipú.

Ahora, después de un tiempo prudencial, los brasileños están listos para dar el próximo paso: Apoderarse de toda la energía de la represa.

El Brasil ya le pasó una factura falsa al Paraguay de 4.500 millones de dólares, que surgen de una apreciación fantasiosa de la tarifa de la energía; ya es dueño de casi la totalidad de la economía paraguaya y de un corredor de tierras que va desde la frontera este paraguaya casi hasta la frontera oeste, limitando con Bolivia y Argentina. Con toda la energía de Itaipú, será dueño del futuro paraguayo. De ahí a sacarse la máscara y apoderarse, de hecho, del Paraguay, ya no hay sino un paso pequeño.

Brasil hará que la naturaleza del gobierno paraguayo, que ya no tiene donde caerse muerto, lo obligue a endeudarse hasta más allá de sus posibilidades; entonces vendrán las cesiones obligadas y los renunciamientos. El gobierno paraguayo tendrá que ceder porque no puede hacer otra cosa. La traición se habrá consumado en razón de la extrema debilidad.

Evidentemente que mientras dure el gobierno ilegítimo el Paraguay no podrá resistir. No solamente hay ilegitimidad del gobierno, sino incapacidad absoluta, que no le permite defenderse ni siquiera como gato panza arriba. Brasil tiene una política nacional que le viene de los portugueses y seguirá avanzando hacia el Océano Pacífico, como lo viene haciendo desde los días de la Conquista y la Colonia. ¿Dónde está hoy la línea de Tordesillas, que limitaba a los portugueses a las tierras de la saliente de América del Sur? Tan muerta y desaparecida como el Papa Borgia que la trazó.

Cuando uno mira el mapa de Sudamérica siente que el Paraguay está en las fauces de un lobo sonriente. 

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