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Una fuga muy extraña

Alberto Vargas Peña (F. Libertad) 

19 de setiembre de 2000

      

La sede central de la Policía Federal Argentina es, al mismo tiempo, prisión para los que esperan juicios de extradición. En esa condición estaban allí dos delincuentes de poca monta paraguayos, asaltantes de supermercado y omnibuses, acusados, sin más pruebas que la acusación de un testigo falso, de haber atentado contra el Dr Luis Maria Argaña, que fue en vida vicepresidente de la República.

No se sabe a ciencia cierta si Argaña murió en el atentado o de muerte natural. La historia clínica y la autopsia, dos instrumentos que hubieran debido decir sin duda alguna cómo murió, fueron cuidadosamente redactadas para que no dijeran nada. Es que probablemente Argaña murió en su domicilio el 22 de marzo de 1999, liquidado por un cáncer terminal de colon que todo el mundo sabía que padecía y del que resultó milagrosamente sano cuando apareció su cadáver.

El caso Argaña fue manipulado desde el principio. José Alberto Planás, un minuto después de llegar al lugar donde reposaba, sentado como una esfinge y duro como una piedra, helado como un témpano, el Dr. Argaña, gritó que el asesino era el Gral Lino César Oviedo, y a partir de allí la leyenda se extendió. No importó que Sisley Pinto Penayo haya declarado que a ella, que abrió la puerta de la camioneta y fue la primera en tocar el cadáver de Argaña, extrañamente pálido y exangue, le pareció que el “Dr. llevaba varias horas muerto”.

Tampoco importó que ninguna bala fuera encontrada en su cuerpo ni que las trayectorias posibles no fueran mortales ni de lejos. Importó mucho menos que apareciera un testigo falso, Gumersindo Aguilar, quien involucró a una serie de personas que según él habían asistido a una reunión donde aparecía una persona que llevaba muerta más de dos semanas.

Los medios de Juan Carlos Wasmosy dieron por finalizado el caso y el juez no investigó nada, sino que siguió  las vías por donde Gumersindo Aguilar quiso conducirlo, hasta que se topó con la verdad de la  falsedad de su testigo estrella, que en ese momento desapareció por completo.

Entonces mataron a Coco Villar diciendo que era uno de los sicarios y  de pronto apareció, en forma de milagro, alguien que se confesó participante del atentado pero inocente de las muertes, ya que solamente disparó – esa fue su afirmación – contra el único que salió ileso. Los dos presos en Buenos Aires y ahora fugados serían los verdaderos asesinos – sicarios – les dicen, de Lino Oviedo. Félix Argaña ya propala por todas partes que los dos pícaros fueron liberados gracias a una conspiración De la Rúa –Oviedo.

¿Qué pudo haber pasado? ¿Hubo descuido o complicidad en los policías argentinos que se dejaron “madrugar” tan fácilmente. Uno de los fugados es un delincuente argentino con algunos escapes en su haber. Pudo haber capitaneado la fuga en un momento de descuido. Pero también puede ser que se haya acoplado a los dos paraguayos – de profesión descuidistas y asaltantes – tanto si fueron ellos los que planificaron la huida como si recibieron ayuda exterior.

¿Qué creo yo? A esta altura de las cosas, y porque se niegan a hacer las cosas bien y a investigar en serio lo ocurrido, creo que Argaña murió en su cama entre las 18:00 y las 22:00 hs del día 22 de marzo de 1999 y el atentado lo organizaron quienes estaban conspirando para hacerse con el poder. Si es así, es posible que estos dos pícaros fugados hayan participado en el atentado que costó la vida al guardaespaldas de Argaña, y debió costarle lo mismo al conductor de la camioneta.

Y entonces es posible que los hayan ayudado a escapar, para hacerlos pasar a mejor vida. Todo es posible.

Por supuesto, estoy dispuesto a cambiar mi pensamiento apenas venga un patólogo independiente, confiable, que diga “he examinado el cadáver y puedo afirmar, por estas razones científicas, que las balas encontradas pegaron en un organismo vivo y no en uno muerto, y que fue tal bala, de tal calibre y con tal trayectoria la que interesó tal órgano”. Pero mientras eso no suceda, seguiré con mi tesis de considerar que fueron los que asaltaron el poder los que fraguaron el atentado, mataron a Coco Villar y están detrás de estos dos pícaros, que harían bien en cuidarse mucho. 

    

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