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Mi posición frente al putsch

Alberto Vargas Peña (Fundación Libertad)

19 de mayo de 2000

  

         En un artículo anterior expresé con toda claridad cuál era mi posición frente a un golpe militar. Estoy en desacuerdo con todos ellos pero si se produce uno para restaurar la democracia, como ocurrió en 1989, yo lo apoyaría.

         Ahora se produjo un pustch militar y por el simple hecho que la gente se ha puesto histérica, no pienso cambiar mi postura, que además no es de ahora sino de toda la vida.

         Yo fui legislador de 1963 a 1968 y si bien formé filas en lo que entonces se llamó Partido Liberal con la política de “lucha cívica activa” nunca oculté mi decisión de apoyar cualquier golpe militar que derribara la dictadura.

         Si no recuerdo mal, el país entero apoyó el golpe militar del 2 y el 3 de febrero de 1989. Hubo políticos que, con lágrimas en los ojos, se subieron a los cañones de las tanquetas y se abrazaban frenéticos en la calle. ¿Quién condenó el golpe militar de febrero de 1989? Nadie. Y no lo condenó nadie porque era restaurador de la democracia.

         Lo que hay que saber ahora es que buscaba el pustch militar. ¿Se propaló una proclama que decía que buscaba devolver al pueblo su derecho a elegir autoridades? ¿Era malo el propósito suponiendo que haya sido cierto? Yo afirmó, aún ahora, que este gobierno ilegítimo y usurpador porque así lo manifiesta la Constitución.

No lo puede legitimar, fuera del pueblo paraguayo. Lo dije antes del 18 de mayo y lo reitero, porque el simple hecho del estallido de un putsch militar no me va hacer cambiar de opinión.

Soy amigo muy cercano de Rafael Saguier y no creo que haya organizado o participado del putsch militar. ¿Estaba en la Caballería al final de la contienda - si es que se puede llamar contienda a lo ocurrido -? Hay que escuchar sus explicaciones.

Lo que ocurre es que existe un grupo de gente de tendencia nazi, que ahora se encuentra en el poder, que quiere a toda costa eliminar adversarios de cualquier manera. Y Rafael es un adversario bastante bravo.

Mi opinión sincera acerca del putsch militar fue un sainete. Siguiendo los pasos de Malaparte, quien sin ser golpista “La Técnica del Golpe de Estado”- un golpe de estado no se hace así – tiene sus reglas. Esto parecía una opereta.¿Qué me dicen de las cuatro tanquetas dando un paseo por el centro de la ciudad para hacer volar el revoque del Congreso y volviendo presurosas, rodeadas de la prensa, a su lugar de salida? ¿Un putsch militar en serio sin ocupar radioemisoras y canales de televisión en forma organizada, dejando al enemigo todo el campo de la información? Vamos, hay cientos de libros que tratan el tema.

Ahora el gobierno logró su “estado de excepción” y con eso se tratará de parar las protestas por las reformas privatistas - de las cuales soy ferviente partidario -. Cuando los sindicalistas sean impedidos de marchar y protestar, ¿a quien maldecirán? ¿Al gobierno o al putsch? Y realmente, ¿cuál de ellos será el culpable?

En definitiva todo el mundo gubernista culpó a Lino Oviedo del desaguisado. Y parece que Lino Oviedo se desgañitó en vano tratando de impedir el putsch. Y yo, que no puedo callarme, corro el riesgo de ser tildado, otra vez, de oviedista por decir esto. En realidad me importa poco. Lo que yo quiero es la democracia que ahora está más lejos que nunca. 

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