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La autoridad del Estado moderno

Alberto Vargas Peña (F. Libertad) 

19 de febrero de 2001

Harold Laski, socialista inglés, publicó a principios del siglo veinte, una obra bajo este mismo título. En ella, a pesar de su socialismo, defendió el principio de la libertad de pensamiento “absoluta”. Pero yo no quiero referirme ahora ni a Harold Laski, ni a su libro, ni siquiera a la libertad de pensamiento. Mi tema es la limitación a la autoridad que debe existir en el estado moderno.

La fidelidad al principio de la soberanía del pueblo conduce a establecer que la autoridad reside en él y que para poder ejercerla es delegada, bajo las reglas del mandato, en ciertas personas. Esas personas para ejercer la autoridad delegada, deben obedecer estrictamente las reglas del mandato, que de ningún modo pueden referirse, dado que la soberanía es compartida por todos, a prerrogativas que coarten la libertad general de las personas.

El siglo diecinueve vio florecer los principios de la libertad y la democracia, y también vio aparecer los síntomas de la reacción del absolutismo bajo un nuevo nombre: El autoritarismo. Mientras las democracias anglosajonas caminaban hacia la expansión de la libertad, los estados bismarckianos lo hacían hacia la autoridad.

Bismarck para preservar el absolutismo, convirtió las Repúblicas en Estados, y a los funcionarios en soberanos. Las luchas del siglo veinte, bajo distintas apariencias, fueron en el fondo las luchas de la libertad sobre la autoridad.

La última autoridad derrotada fue la comunista. Bajo el comunismo de Stalin, el Estado se confundió con el Partido, y éste fue el soberano. Al caer el comunismo staliniano, se plantea de nuevo una definición entre la libertad y la autoridad, es decir entre la expansión de la libertad que ocasiona la disminución y la limitación de la autoridad.

La República moderna tiende a romper el molde del Estado autoritario, o mejor expresado, del Estado-Autoridad. La República, entonces, será libertaria o no será.

Quizá se pueda expresar la antinomia con una simplificación: O República o Estado. República si se reconoce la soberanía el pueblo hasta sus consecuencias finales, o Estado, si se reconoce la soberanía de la Autoridad.

La soberanía del pueblo hasta sus consecuencias finales indica que la Autoridad no tiene ningún derecho; solamente obligaciones.

El siglo veintiuno llega con una situación tecnológica inédita: El mundo se ha vuelto una especie de unidad gracias a la Internet. Dentro de esta revolución, la Autoridad ha perdido uno de sus baluartes: la frontera clausurable. Para mí, se trata de una derrota decisiva.

          Pienso que las nuevas constituciones, que ya se están plasmando en muchas mentes, establecerán Repúblicas y condenarán a muerte los Estados. Con eso, la soberanía popular alcanzará su exacta dimensión. Yo propongo, dentro de esa línea de pensamiento, que el Art. 1 de la Constitución paraguaya diga: El Paraguay forma parte del planeta Tierra y sus habitantes forman parte de la humanidad, por tanto, forma parte de la sociedad humana global. Es una República que adopta la democracia representativa como forma de gobierno y adhiere a todo sistema de organización mundial que reconozca idéntica forma de Constitución y gobierno. En el Paraguay, la autoridad está definitivamente limitada y carece de derechos.

 

 

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