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De la naturaleza del Estado en la concepción democrática

Alberto Vargas Peña (F. Libertad) 

18 de setiembre de 2000

   

¿Qué es el “Estado”? Dependiendo de la concepción que uno tenga de la naturaleza del poder, el “Estado” recibirá distintas definiciones. Luis XIV `proclamaba “el Estado soy yo”, para recalcar su soberanía absoluta y su derecho divino de ejercerla; Bismarck concibió un Estado con vida propia, diferente a la del pueblo, con derechos y obligaciones especiales que superaban los derechos del individuo y le imponían determinadas obligaciones; Mussolini decía, siguiendo el concepto bismarckiano, que “todo dentro del Estado y nada fuera de él”. Los marxistas – o mejor dicho Marx- preconizaba la desaparición del Estado y sus terminaron creando un monstruo espantoso; Hobbes hablaba del “Estado Leviatán”. Los demócratas liberales decían que “el Estado es la organización jurídica de una nación”. Para el concepto liberal el “Estado” carece de vida propia, y tiene apenas la  que el pueblo le asigna.

Yo creo que el Estado es una ficción creada para defender en conjunto los derechos inalienables de los individuos, que existen antes de toda concepción jurídica y por el simple hecho de pertenecer a la raza humana. Hoy el Estado se podrá confundir con la “patria”, el lugar donde uno ha nacido, pero mañana tal vez sea la organización jurídica del planeta Tierra. Si bien entonces me siento ligado al concepto “patria” no me siento en absoluto ligado al concepto “Estado”, más que por una cuestión de conveniencia. Si estoy dispuesto a morir por defender el lugar en que nací, no estoy dispuesto a  nada por defender una organización que no me satisfaga.

Es obvio que para mí el “Estado” no tiene vida propia independientemente de la vida de los ciudadanos privados, ni tiene intereses diferentes, ni derechos supremos, aunque sí tiene obligaciones hacia sus creadores y contribuyentes. El “Estado” es, para mí, una organización diseñada por el pueblo, para su beneficio, y que debe ser rediseñada si no cumple con las disposiciones que le dieron forma y existencia.

En este esquema de pensamiento el gobierno es apenas el administrador  de la voluntad del pueblo y el que hace cumplir las disposiciones que ha diseñado el pueblo para que el “Estado” funcione. El gobierno entonces tampoco tiene más derechos que los que le señala el pueblo. Tampoco el gobierno tiene intereses diferentes ni superiores. Tiene los intereses y los objetivos que le señala la ley. Fuera de ellos, es usurpador y tiránico.

Si se comprende esto, que es la esencia del sistema democrático liberal de gobierno, entonces se comprenderá por que los liberales se oponen a que se hable de una “necesidad del Estado” con el fin de aumentar la contribución o de una “razón de Estado” para justificar actos que vulneren la libertad o la propiedad individuales, o el derecho de alcanzar la felicidad. La “democracia social”, sin embargo, admite el concepto bismarckiano del Estado, al que le otorga derechos y prerrogativas que se imponen al ciudadano.

           Hoy la lucha política en el mundo vuelve al enfrentamiento entre los  que conciben un “Estado” obediente al individuo y los que conciben a los individuos obedientes al “Estado”. Así se planteará en un futuro muy cercano en todos los países del mundo con respecto a la creación del nuevo “Estado” universal, que surgirá del Internet, la globalización y la libertad de comercio. 

 

    

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