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Clinton también debe ser enjuiciado

Alberto Vargas Peña (F. Libertad) 

17 de enero de 2001

El concepto de justicia universal realmente tuvo su origen en el Tribunal de Nuremberg, que examinó y condenó a los llamados “criminales de guerra”.

Los diseñadores de políticas agresivas , aún cuando personalmente no hayan sido responsables de ningún otro delito, fueron sentados en el banquillo de los acusados y condenados. Uno de ellos, Albert Speer, una persona medianamente decente, que no participó en ningún crimen de guerra, fue condenado a veinte años de prisión por haber mantenido la producción de su país, Alemania, funcionando eficientemente para la guerra. Lo hicieron responsable de las muertes que producían las balas, las bombas, los torpedos, y las V1 y V2 durante la Segunda Guerra Mundial.

El Gral. Tojo, japonés, probablemente no mató a nadie personalmente, pero fue condenado a muerte y ejecutado por haber sido el máximo jefe militar japonés durante la misma conflagración.

Es obvio que el mundo entero consideró que esas personas eran responsables por las consecuencias derivadas de sus actos. Este es el principio que se sentó entonces y estableció que las políticas que tienen consecuencias criminales deben ser consideradas como delito punible para las personas que las llevan a cabo. Y ese criterio sobrepasa la territorialidad de la ley porque las consecuencias de una política no se notan casi nunca en el propio territorio sino en territorios ajenos.

Los estadounidenses consideran un delito –y lo persiguen – el tráfico de drogas hacia territorio estadounidense, y consideran responsable, no solo a la mula que transporta la droga sino a quienes , en su propio país, permiten tal tráfico, por las consecuencias que produce en los Estados Unidos. El caso del Gral. Manuel Noriega es típico. Hoy purga en una cárcel estadounidense su política de permisividad hacia el tráfico de drogas con destino a Estados Unidos.

Para que la justicia sea en realidad justicia y no venganza, tiene que tener un carácter general, sin excepción alguna. Si la política alemana o japonesa o rusa puede ser juzgada por sus consecuencias y si los políticos que las diseñaron pueden ser sancionados por ellas, entonces todos los políticos, en todo el mundo, tienen que estar expuestos a tal condena por los mismos hechos.

El Sr. William Jefferson Clinton, a días de ser ex presidente de los Estados Unidos, trazó políticas que destruyeron la democracia en el Paraguay, causaron muertes injustas, persecuciones de políticos y periodistas, cárcel y sufrimientos para gente inocente. No es la magnitud de las consecuencias lo que se juzga sino la consecuencia en sí. Por consiguiente, Clinton debe ser juzgado por las políticas llevadas adelante por su gobierno en el Paraguay, y en mi opinión, condenado como Speer, o Tojo.

Los Estados Unidos son un gran país y su democracia interna es maravillosa, pero no son los dueños del mundo ni pueden impunemente arrollar una nación pequeña para imponerles, no la libertad o la democracia sino la sumisión a un gobierno espureo, usurpador y autoritario. Clinton ha establecidos políticas para el Paraguay y la América Latina que deben ser juzgadas por sus consecuencias terribles.

Si los Estados Unidos quieren tener verdadero liderazgo moral en el mundo, deben hacerlo, y hacerlo ahora.

 

  

    

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