Make your own free website on Tripod.com
MEDIOS
abcboton.jpg (1386 bytes)
uhora.jpg (2856 bytes)
noticias2.jpg (3920 bytes)
front-logo-dia.jpg (3564 bytes)
logo-teveo.jpg (1167 bytes)
nacion.jpg (9869 bytes)

PORTALES

planet1.jpg (2155 bytes)

conexion1.jpg (2166 bytes)

highway1.jpg (1877 bytes)

multinet1.jpg (2038 bytes)

pol1.jpg (6530 bytes)

quanta1.jpg (2636 bytes)

supernet1.jpg (2199 bytes)

telesurf1.jpg (2011 bytes)

loguito.gif (5533 bytes)

Si los link están protegidos por derechos de copia, serán removidos a soicitud del propietario

HAGA CONOCER SU OPINIÓN

 

LOS MUERTOS DE LA PLAZA II

Alberto Vargas Peña (miembro de la Fundación Libertad)

El Sr Alejandro Herrndorf me escribe una corta nota, disconforme con mi artículo "Los Muertos de la Plaza", publicado por este medio. Me trata de loco y delirante pero, teniendo a su disposición un gran espacio para controvertir mi opinión, no lo hace. Prefiere el argumento al hombre, un defecto del pensamiento lógico.

He dicho que para establecer la culpabilidad de alguien, en el asunto

De la Plaza del Congreso donde resultaron muertas siete personas, era indispensable hacer una investigación seria, que no se ha hecho. No hubo

autopsias para conocer la trayectoria de los proyectiles ni de que calibre eran, no se analizó si los disparos fueron a quemarropa para establecer si hubo proximidad, ni hubo nada parecido a un análisis riguroso de lo ocurrido. El primer hecho es que nadie sabe a ciencia cierta que ocurrió.

Hubo franco tiradores disparando desde el edificio Zodiac, situado al sur oeste de la Plaza del Congreso. Se detuvo gente allí pero nadie hizo, o no se conoce que se haya hecho, el peritaje de las armas utilizadas para saber si con esas armas se había herido o matado a alguien. Walter Gamarra fue filmado disparando una pistola automática, presumiblemente de calibre nueve milímetros, desde una posición tal que no pudo haber acertado a nadie en la Plaza del Congreso, a no ser que cargara una bala mágica, capaz de doblar una esquina.

Desde el techo del Congreso se disparó y hay gente que atestigua haber visto los fogonazos. Nadie averiguó si en el techo del Congreso quedaron vainillas servidas. Hay testigos que afirman que también se disparó desde el atrio de la Catedral, pero tampoco hubo una investigación sobre ello. Esos son hechos.

Un herido testifica que encontrándose en el suelo, herido en un muslo, se le acercó alguien con uniforme de policía y le descerrajó un balazo con un revolver calibre treinta y ocho. El tiro fue a quemarropa, le dio en el estómago y el tirador lo dio por muerto. Este es otro hecho. Hubo por lo menos una persona baleada desde corta distancia. No conozco que haya ningún policía detenido por este asunto.

No he afirmado otra cosa que la necesidad que se investiguen los hechos en forma seria y responsable. Gracias a eso me he ganado la etiqueta de "loco" y "delirante". Reconozco que en el Paraguay racional de marzo, y en el marco del odio que se ha desatado precisamente por juzgar las cosas a priori, yo soy algo diferente. Aparentemente no se quiere que se investiguen los hechos, y se prefiere que un gran sector de la población paraguaya siga apareciendo como culpable de algo en lo que tal vez no tuvo nada que ver. Yo sigo prefiriendo que se investigue a fondo lo que ocurrió en la Plaza del Congreso aquel viernes negro.

No sé si el Sr Herrndorf, a quien agradezco su nota conoce los entretelones del famoso caso del 23 de Octubre de 1931, en el que se acusó al Dr José P. Guggiari de haber ordenado la represión, a tiros de ametralladora, de una manifestación que pretendía asaltar el Palacio de Gobierno.

La investigación seria demostró que los primeros tiros partieron de la manifestación – uno de los tiradores fue Manuel Frutos Pane quien reconoció haber disparado con un revolver desde la vereda de enfrente de la Plaza del Palacio (en realidad estaba subido a una columna del alumbrado público) –fuente el libro de Efraim Cardozo " 23 de Octubre" – y que la guardia del Palacio, en ese momento bajo ordenes del Cabo de Mar Manuel W. Chavez actuó sin ordenes de nadie, cumpliendo con su deber de proteger el Palacio.

Inspirado en esos hechos, que provocaron el odio durante casi cinco décadas, es que reclamo una investigación seria de los hechos de la Plaza.