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Halcones y palomas

Alberto Vargas Peña (F. Libertad) 

16 de agosto de 2000

  

En el seno del oficialismo derrotado en las elecciones del 13 de agosto han aparecido dos grupos bien definidos: Uno, el de los halcones, que se niegan a reconocer la derrota y plantean soluciones de tipo autoritario y violento, cuya jefatura la ostentan Ramón Barchini, José Planás y Juan Carlos Galaverna y, otro, el de las palomas, cuya jefatura se atribuye directamente al senador Luis Angel González Macchi, que propone  arreglos políticos con los vencedores.

Barchini y Planás son hombres de Gustavo Stroessner y responden a directivas venidas desde Brasilia, donde reside el hijo del anciano ex dictador. Juan Carlos Galaverna es el operador estrella de Juan Carlos Wasmosy, que responde en última instancia a los llamados “barones de Itaipú”, una logia formada al estilo de Propaganda Due de Licio Gelli, que participó activamente en su fundación a principio de los años ochenta del siglo pasado.

Los “halcones” tienen mucho que perder si cualquier arreglo político  los desplaza del gobierno, y como son los grandes derrotados cualquier arreglo político será indudablemente a su costa. Barchini y Planás han vendio disponiendo de los bienes del Estado a su antojo y Wasmosy tiene que responder a serios cuestionamientos hechos a su gobierno, donde se dice que se robó más de seis mil millones de dólares. Por otro lado, ambos grupos tienen que aclarar, ahora en serio, lo ocurrido con el Dr. Luis María Argaña y en la Plaza del Congreso en marzo de 1999.

Según se afirma en Asunción Luis María Argaña murió de muerte natural unas seis horas antes de ser fusilado en la calle, en una casa que no era la suya y en condiciones non sanctas. Según se afirma, fueron precisamente Planás y Galaverna los que , con la complicidad de Maura Harty entonces embajadora de los Estados Unidos, los que organizaron la comedia del fusilamiento para derribar al gobierno constitucional.

Como el supuesto atentado no bastó, se afirma que Wasmosy lanzó sus militares a sueldo a organizar los sucesos de la Plaza del Congreso, que culminaron con  siete muertos. Se acusa – vox populi – al Gral. Morel Garay de haber estado en el tejado del Palacio Legislativo, con gente armada que disparó indiscriminadamente sobre los manifestantes.

Estas afirmaciones se asientan en la presentación de testigos falsos que

impidieron una investigación seria del caso Argaña y la negativa de la embajadora Harty a dar la ayuda que el gobierno constitucional  paraguayo solicitó de inmediato; los casos de la Plaza fueron más burdos aún. No se practicó ninguna autopsia y simplemente se atribuyó, otra vez con testigos falsos, a gente inocente – ya sobreseída –  los crímenes.

La cuestión es que los “·halcones” aparentemente van quedando solos porque incluso se dice que planificaron el asesinato de Walter Bower, actual ministro del Interior, para provocar el estado de emergencia y la suspensión de las elecciones el día 12 de agosto. Un aviso oportuno hizo que el complot no pudiera ser realizado, pero aparentemente Bower tomó debida nota de lo que estaba ocurriendo y procedió a tomar distancia de los “halcones”.

         La última intentona del grupo bárbaro, fue la realizada frente al Supremo Tribunal de Justicia Electoral el 15 de agosto al atardecer, cuando quisieron asaltar el local para destruir las evidencias de su derrota electoral. 

 

 

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