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Resistencia a las reformas

Alberto Vargas Peña (Fundación Libertad)

12 de mayo de 2000

 

Publicado como editorial del diario La Nación de Asunción

           El Paraguay ya no puede seguir como hasta ahora. Esta es una verdad evidente, un axioma. Con un tercer año de decrecimiento, el país marcha hacia la miseria en forma progresivamente acelerada.

            La anhelada reactivación económica no puede producirse dentro de la institucionalización actual, porque depende de la inversión, y la inversión acude solamente a los países que otorgan seguridad jurídica y estabilidad política.

            Hay que reformar al Estado paraguayo, pero existe una resistencia enorme a los cambios debido a varias razones: La resistencia de los prebendarios; la resistencia de los políticos que perderán sus privilegios dentro

de un marco de democracia real; la resistencia de la ignorancia y, por fin, la  resistencia de la gente que sospecha, con todo fundamento, que este gobierno  ilegítimo y usurpador utilizará la necesidad de las reformas para hacer las trampas que acostumbra.

            Si la necesidad es vital y la resistencia tan grande ¿cuál podría ser la salida? ¿Llevar adelante las reformas a toda máquina, pese a toda resistencia? ¿Dejar de hacer las reformas a causa de la resistencia? Se trata, como se ve , de un dilema de hierro.

            Si se hacen las reformas a tambor batiente corren el riesgo de fracasar y si no se las hace, el país seguirá hundiéndose en la miseria hasta el punto de no poder salir más. La resistencia a las reformas tiene un punto fuerte. Este gobierno no es creíble ni tiene legitimidad para hacerlas.

            Ruth Richardson dijo que la cuestión de la legitimidad es un simple pretexto para no hacer las reformas, pero ella pertenece a un mundo que jamás vivió en la ilegitimidad. Ella no podría hablar en Nueva Zelanda, de nada, sin estar legitimidad por el voto del pueblo.

            Aquí, es diferente. Si las reformas se hacen sin legitimidad el pueblo no las respaldará, y como para salir del pozo son necesarios muchos sacrificios, el respaldo del pueblo es indispensable. Las reformas son indispensables, y el respaldo del pueblo a las reformas también. La única salida son las elecciones generales o, por lo menos, un referendum. No cuesta nada explicar lo que se quiere hacer; para que se lo quiere hacer; cómo se lo quiere hacer y que se requiere para ello, y demostrar que por esa vía la economía crecerá y los problemas se irán resolviendo adecuadamente.

            Y preguntarle al pueblo si está de acuerdo o no con el proyecto.

            Una vez que el pueblo vote SI en un referendum las reformas estarán legitimadas y podrán ser llevadas a cabo sin resistencia. El Congreso ya no es referente válido para otorgar legitimidad a las reformas, porque nadie confía en su criterio, ni en su honestidad ni en su representación. A las reformas hay que legitimarlas directamente, y la única vía directa es el referéndum. El referendum también demostrará el verdadero poder de los sindicatos, que hoy alardean de algo que la experiencia demuestra que no tienen: el respaldo electoral popular. Y pondrá punto final a un pleito que ya ha durado demasiado, perjudicando a todo el país.

                Si se quiere acabar con la resistencia a las reformas y resolver el problema de una buena vez, hay que preguntarle al pueblo que opina sobre el caso.

 

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