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TRAGEDIA EN EL CORRECCIONAL

Alberto Vargas Peña (miembro de la Fundación Libertad)

Cinco son ya los muertos que causó un incendio – aún no se sabe si fue intencional – en el Penal Correccional de Menores, que me resisto a llamar " Panchito López". Jóvenes que estaban allí para ser corregidos, terminaron sufriendo la pena de muerte.

El penal no tenía las condiciones mínimas para ser calificado como tal. El hacinamiento de los detenidos y condenados era infernal, más allá de toda comprensión humana. Una mezcla de jóvenes casi inocentes con verdaderos salvajes incorregibles. Era cuestión de tiempo que estallara algo como lo que sucedió.

En materia de corrección penal no se puede ya inventar nada. Los detenidos no deben estar en el mismo sitio que los condenados, y entre éstos, los condenados por crímenes menores no pueden estar juntos con los de alta peligrosidad y reincidentes.

La forma de trato es diferente; los primeros son inocentes hasta que sean declarados culpables mediante el debido proceso y no tienen por qué sufrir el vejamen de las condiciones penitenciarias; los segundos pueden y deben ser rehabilitados y los últimos son recalcitrantes, irrecuperables y deben

cumplir sus condenas en condiciones especiales.

Los sitios de detención no deben estar en el mismo edificio que los sitios de condena; los recuperables deben estar sometidos a régimen de disciplina militar en granjas especiales o talleres para el efecto con el objetivo de su pronta recuperación para la sociedad, y los irrecuperables deben estar sometidos a régimen penitenciario severo, en un sitio que reúna las condiciones para ello.

La recuperación de los jóvenes que han delinquido por primera vez es una tarea didáctica y psicológica muy importante, que debe ser manejada por especialistas y no por religiosos.

No se debe enseñar al joven que robó una cadenita de oro que "el es consecuencia de una sociedad injusta" como gustan decir los irresponsables que exhiben su sotana como título habilitante.

Se les debe enseñar que son individualmente responsables de lo que hacen, y que sin esfuerzo volverán a caer en el delito, y enseñarles a trabajar en asuntos productivos, que les produzcan ingresos honestos cuando salgan del correccional.

Las granjas-talleres con régimen de disciplina militar, pero diferente al régimen penitenciario, han dado resultados beneficiosos en todas partes donde han sido ensayadas, y un alto porcentaje de los recuperables retorna a la vida normal sin traumas y dispuesto a no volver a delinquir.

En cambio, el régimen utilizado en el Paraguay, de la mezcolanza aleve por razones de "costo" e improvisación, tiene como resultado un altísimo porcentaje de reincidencia.

No se trata pues de "un penal", sino por lo menos de tres. Las dependencias donde se guardará detención a la espera del proceso; las granjas-talleres de recuperación y el penal propiamente dicho. Y todos ellos deben tener las condiciones adecuadas que establece la Constitución.

Lo que ha ocurrido en el Correccional no es fruto de la casualidad. Es la consecuencia lógica de hacer mal las cosas, en forma improvisada y superficial, y del desprecio que se siente en este país por la persona humana.