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El caso de la muerte de Argaña

Alberto Vargas Peña (F. Libertad)

15 de octubre de 2001

Estoy leyendo el libro de María Alejandra Ottaviano, denominado "La otra Cara del Marzo Paraguayo". Recomiendo calurosamente su lectura porque sistematiza todo lo que se ha venido denunciando, de manera necesariamente fragmentada, por la prensa no adicta al régimen usurpador.

            De los documentos del Sanatorio Americano, a las fotografías tomadas en el sitio, inmediatamente después del atentado y de las declaraciones de los distintos protagonistas no se puede sino extraer una conclusión: Argaña no murió en el atentado. Murió antes, y falta saber si su fallecimiento fue natural o provocado.

            Las fotografías son elocuentes. Ni una sola gota de sangre en la blanca camisa que llevaba esa mañana; ninguna gota de sangre en los asientos donde cayó supuestamente abatido por los balazos; impactos claramente señalados en el cuerpo desnudo, con el diseño típico de haber sido producidos sobre un cuerpo muerto y un extraño corte en la espalda que solamente se explica si fue realizado con un bisturí para relajar el rigor del rigor mortis y la declaración de la primera persona que accedió al sitio donde yacía el cuerpo - "estaba helado, como una persona que llevaba horas de muerta" - hacen inevitablemente pensar que el cuerpo muerto de Argaña fue paseado aquella trágica mañana, hasta el lugar donde unos sicarios ultimaron a su guardaespaldas, que no atinó a defensa alguna a pesar del tiempo transcurrido entre la aparición de los asesinos y la llegada a la camioneta - el conductor tuvo tiempo de hacer marcha atrás para intentar huir - para luego aparecer como víctima del atentado.

La huída inexplicable del conductor de la camioneta, quien se contradijo varias veces en sus declaraciones, y la negativa sistemática del juez a ordenar una autopsia del cuerpo de Argaña en presencia de los abogados defensores de los acusados, completa el cuadro.

            Siempre sostuve la tesis de que Argaña estaba muerto aquella mañana en que emboscaron la camioneta en la que era paseado. No puedo probarlo, por supuesto, porque la única prueba fehaciente será la autopsia realizada por patólogos especializados, lo cual no es permitido por el juez e la causa. El patólogo que realizó la autopsia es un médico clínico, que ni siquiera era médico forense entonces. Las vísceras principales, como el corazón, que dicen que fue alcanzado por una bala que realizó un recorrido imposible - penetró en la cadera de abajo para arriba - esta guardado, bajo siete llaves, y no en poder del juez de la causa, sino de la familia Argaña.

            Este misterio es el que produce en el Paraguay una inestabilidad imposible de resolver. Se lo utiliza como pretexto para perseguir adversarios políticos, todos del mismo partido. Fue uno de los pretextos que adujeron para derribar el gobierno constitucional del Ing. Raúl Cubas los complotados de marzo. El otro, fue la masacre de los jóvenes en la plaza del Congreso, que se está probando que fue obra de franco tiradores apostados en los tejados de la Cámara de Senadores y de Diputados.

            Creo que se debe leer la "Otra Cara del Marzo Paraguayo", porque abre los ojos a una realidad terrible, que muchos paraguayos se han negado a admitir. Y que ha condicionado y condiciona nuestro destino.

    

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