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La cuestión del seguro

Alberto Vargas Peña (F. Libertad) 

12 de setiembre de 2000

   

La semana pasada se difundió en Asunción la noticia que el Dr. Luis María Argaña poseía un seguro de vida con las siguientes características: Si moría de muerte natural cobraba un millón de dólares, mientras que si moría de muerte violenta, en un atentado por ejemplo, cobraba diez millones de dólares.

Por supuesto de inmediato la gente seria se puso a investigar que podía haber de cierto en la noticia, porque la presencia de un seguro de tales características cambiaba por completo la orientación del caso.

Los brockers de seguros de vida en el Paraguay rápidamente desvirtuaron el rumor. “No es posible que haya existido una póliza con esas características” – dijeron – “porque no hay compañía en el mundo que asegure a políticos contra atentados”. Yo también comencé a tener dudas e hice una pequeña investigación por mi cuenta.

Para asegurar la vida de una persona las compañías de seguros que se ocupan de tal riesgo son muy minuciosas. Exigen un análisis médico completo, que figura adosado al expediente formado al cliente y excluyen, casi invariablemente, riesgos tales como el pilotaje de aviones deportivos o pequeños – a no ser que la profesión del cliente sea la de aviador en cuyo caso hay pólizas especiales – suicidio o asesinato y cuentan con cláusulas “antifraude” que permiten a las compañías investigar hasta el más mínimo detalle de la muerte de una persona antes de pagar.

Existen muy pocas compañías en el mundo que se dediquen al reaseguro de pólizas de vida, a tal punto que en los Estados Unidos hay solamente tres grandes: Citizen Life, Pan American Life y Metropolitan Life.

En Europa, la que conozco es una empresa inglesa, con más de doscientos años de antigüedad llamada Eagle Star. En todos los paises funcionan compañías de seguros de vida, pero en el Paraguay hay una sola autorizada por el Banco Central del Paraguay que se denomina Seguridad Anónima y es de propiedad de Manuel Fronciani.

Todas las compañías del mundo, como se reaseguran unas a otras siguen el mismo patrón de exclusión de ciertos riesgos. El seguro de vida es para personas sanas, que hacen una vida normal y cuyo deceso puede ser razonablemente previsto según una tabla estadística.

Argaña era un destacado miembro de la sociedad política en el Paraguay, pero no era significativo a nivel mundial como para que una gran compañía, capaz de pagar una póliza de diez millones de dólares modifique sus normas de conducta habituales. Es impensable suponer que una compañía paraguaya pueda cobrar el reaseguro si no se atiene a las reglas que son prácticamente inmutables. Si una compañía paraguaya, y hay una sola legal, no podría hacerlo, mucho menos lo haría una extranjera.

El Esc. Nelson Argaña confesó a la prensa que su padre tenia un seguro y que la familia Argaña cobró la suma de aproximadamente veintiocho mil dólares – cien millones de guaraníes – Entonces, de todo lo dicho hay que concluir que Luis María Argaña tenía un seguro normal de vida – se trata de una cifra exigua para un seguro especial – y fue cobrado. Si ello fuera así – para estar seguros hay que examinar la póliza y el expediente que la respalda – se puede pensar que Argaña murió de muerte natural.

En realidad, hasta ahora no se ha probado que haya muerto en  el supuesto atentado del 23 de marzo.

Sería muy útil a la investigación tomar en serio la cuestión del seguro.

   

  

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