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La inacción del Dr. Franco 

Alberto Vargas Peña (F. Libertad) 

09 de noviembre de 2000

   

El Dr. Julio César Franco, vicepresidente de la Rca. elegido para ser el presidente a raíz de la vacancia dejada por el Ing. Raúl Cubas, renunciado por un golpe de estado palaciego, parece estar decidido a no cumplir las promesas electorales, aunque el PLRA, su partido,  le exija por todos los medios que lo haga. El Dr. Franco y su entorno creen que pueden contemporizar con la usurpación y sobrevivir políticamente.

Creo que se equivocan. La decisión de no hacer honor a la promesa electoral, por la razón que fuere, tendrá como consecuencia la apertura de la tumba política del Dr. Franco y sus allegados directos, pero también, y no sé por cuanto tiempo, del PLRA. No se puede convocar a un pueblo, prometerle el cambio que desea, y luego, cuando se triunfa, desentenderse de la promesa diciendo que el cambio propuesto es mantener las cosas como están.

El entorno del Dr. Franco tiene antecedentes de anteriores pactos políticos nocivos para el pueblo paraguayo. Carlos Mateo Balmelli fue uno de los ideólogos del llamado “Pacto de Gobernabilidad” cuando era consejero muy escuchado del Dr. Domingo Laíno – tiene escrito un libro sobre el tema – y no ha extraído las lecciones de esa experiencia.

Ahora aconseja al Dr. Franco que sostenga un nuevo pacto de estabilidad con un gobierno odiado por el pueblo y en unas condiciones tales que cualquier apoyo que se le brinde redundará en perjuicio de la sociedad paraguaya en su conjunto. Aparece así como el ideólogo de una transada deshonesta aparentemente destinada a robustecer a un grupo privilegiado a expensas del resto de la población.

Al Dr. Franco no le molesta el consejo y repite hasta el cansancio – y la exasperación – que él no provocará la desestabilización de un gobierno que todo el mundo quiere que se vaya de inmediato y para cuya caída votó el 13 de agosto del 2.000. La verdad es que Franco está manteniendo un gobierno ilegítimo y usurpador, contra la clarísima voluntad del pueblo y sin que nadie pueda comprender para qué.

Los liberales están más ofendidos que ningún otro grupo en la República porque comprenden que la felonía del Dr Franco - ¿cómo llamarla de otra manera? – no solamente lo afectará en su vida política personal sino que caerá sobre el PLRA en forma implacable. En las próximas elecciones nadie que no sea fanáticamente de ese partido votará por sus  candidatos.

¿Para que elegirían a miembros del PLRA si estos no quieren cumplir las promesas electorales? Todos los políticos , candidatos potenciales a  ser derrotados en el futuro cercano por un pueblo enfurecido, se encuentran estudiando la manera de hacer que el Dr. Franco cumpla con sus promesas o desaparezca.

La inacción del Dr. Franco es alevosa, porque él cree que puede disfrazarla viajando continuamente al interior a recibir quejas que sabe que no puede resolver. Se ha convertido en el secretario electo de un presidente usurpador e ineficaz, con la misión de recibir las quejas y enviarlas al archivo. Una triste misión sin duda, digna de un palafrenero y no de una persona elegida por el pueblo para la más alta magistratura de la República.

Por otra parte la inacción del Dr. Franco, y su sometimiento indigno a las condiciones actuales de usurpación, hacen pensar en que tal vez su tumba política sea una tumba faraónica, y baje a ella, como los Faraones de Egipto, rodeado de un soñado esplendor.

    

   

    

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