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El caos paraguayo

Alberto Vargas Peña (F. Libertad) 

09 de febrero de 2001

El Paraguay está sumido en el caos, gracias al gobierno absolutamente ineficiente del Dr. Luis González Macchi, usurpador de la presidencia de la República. El Dr. González Macchi ha logrado, en algo más de un año de gobierno, poner al país en la lona, completamente caído.

         No se han hecho las reformas indispensables. No se han tomado medidas que hace un año hubieran sido penosas pero soportables. No se hace nada frente a lo que se avecina. Se dilapidan las reservas para mantener artificialmente la paridad guaraní-dolar y se espera un milagro del cielo, que todo el mundo sabe que no ocurrirá. Entretanto, se roba sin mesura ni límite, y la corrupción ha alcanzado niveles superlativos. La seguridad en las calles es un recuerdo de tiempos idos, y la delincuencia es la dueña del país.

Los partidos políticos están inmersos, todos ellos, en una puja desesperada por ver cual de ellos roba más en los lugares en que le toca actuar. Los colorados, conforme a su vieja tradición, roban en todas partes; el PLRA roba en las municipalidades que están bajo su control y el PEN roba en el Ministerio de Industria y Comercio y en PETROPAR. Los congresistas votan por encargo, y dilapidan los dineros público formulando presupuestos demenciales.

Todo el mundo se pregunta, angustiado, cuanto puede durar esto, y después de esto que vendrá. Nadie se llama a engaño, se vive una situación terminal que no puede acabar sino muy mal.

         Todo el mundo, sotto voce, espera que venga un golpe, de cualquier parte y de cualquier naturaleza. Las conversaciones comienzan y acaban con ¿para cuando es? como en los viejos tiempos. El paraguayo tiene hambre y está dejando de tener miedo, ese miedo que fue su segunda piel durante treinta y cuatro años de feroz tiranía.

Las conspiraciones se conocen y se comentan. El ingeniero Wasmosy, ex presidente de la República lo hace abiertamente utilizando todos los medios a su alcance, que son inmensos. Una fortuna de dos mil quinientos millones de dólares es influyente en cualquier parte, y decisiva en el Paraguay. Hay muy poca gente aquí que se resista al soborno.

         No hay líderes confiables a la vista; el único que tiene pueblo es el Gral. Lino Oviedo, que se encuentra preso en el Brasil. Su movimiento tiene organización y liderazgo, pero está comenzando a claudicar frente a las tentaciones del dinero. Los otros políticos colorados no tienen nada, los Argaña están en plena decadencia y su movimiento político en plena desbandada. Los liberales han perdido su viejo prestigio y carecen de gente destacada, que el pueblo considere capaz de sacar al país del desastre en que se encuentra. En el empresariado las luchas internas son salvajes, porque unos contratan con este gobierno corrupto y los otros quieren contratar.

El Partido Encuentro Nacional ya no existe. Gracias a Euclides Acevedo y su política coloradizante, ha desaparecido como partido. El PRF hace rato que murió y la Democracia Cristiana no nació nunca. La situación es realmente pavorosa, porque la naturaleza repele al vacío y si el vacío político no se llena de una manera se llenará de otra. De cualquier otra.

         El tiempo entretanto pasa, el algodón no tiene precio y el de la soja está muy bajo. Las esperanzas de un respiro agrícola se van diluyendo a pasos agigantados. Las reformas, que hubieran podido salvar la situación, están cada día más lejos y el hundimiento del país las hace cada vez más difíciles.

         Todo esto se lo debemos al Sr. William Jefferson Clinton, que organizó un golpe de estado en marzo de 1999 para liquidar al gobierno constitucional.

          América está contemplando a un hombre enfermo, el Paraguay, y no ve quien le puso la inyección letal, ni le importa. Paraguay es chico, no pesa en el concierto de las naciones, por lo tanto puede morir en silencio.

     

    

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