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Historia clínica y autopsia

Alberto Vargas Peña (F. Libertad) 

08 de agosto de 2000

  

Una “historia clínica” es la que se registra de los exámenes de pacientes vivos. Una autopsia es el examen que se hace a un cadáver. En el expediente sobre un supuesto caso de asesinato al vicepresidente de la Rca. Dr. Luis María Argaña figuran dos pruebas instrumentales: La primera, la historia clínica y la segunda el Certificado de Defunción.

En ninguna de los dos documentos se da como causa de la muerte las heridas recibidas en el supuesto atentado. Curioso ¿no?

La historia clínica dice que se recibió al Dr Luis María Argaña, sin signos vitales, en coma 4 y se refiere que presentaba cuatro heridas de bala y una herida lineal. Se le practicaron un montón de exámenes pero no se intentó, para nada revivirlo. No se consigna que los médicos hicieran el menor esfuerzo por devolverle la vida ¿Lo daban por muerto?

No se consigna en la historia clínica. En la historia clínica no se consigna la hora probable de la muerte – porque no es técnicamente una autopsia – ni nada referente al examen patológico de los órganos del cadáver, salvo las punciones en el corazón y los pulmones, efectuados como si el paciente estuviera vivo.

Se da la hora de ingreso al Sanatorio Americano y la duración de los exámenes y se deja en blanco la hora probable de la muerte, tal vez para dar por sentado que murió donde se diría después que murió. Ocurre que la hora probable de la muerte tiene que surgir del examen de los órganos del cadáver porque es vital saber cuando murió a los efectos legales – ver “Medicina Legal” de Dionisio González Torres-.

¿Cuándo se hizo la autopsia legalmente obligatoria y que médico forense la practicó? ¿Dónde se consignan los resultados? Hasta donde yo sé, en ninguna parte.

Pueden haber ocurrido varias cosas: Una, que el Dr. Argaña haya muerto de muerte natural y su cadáver haya sido aprovechado con fines políticos; dos, que el Dr. Argaña haya sido asesinado en otro lado y a otra hora y que su cadáver haya sido utilizado por sus asesinos con fines políticos y tres, que el Dr. Argaña haya muerto en el atentado público. Todo eso se hubiera podido saber a ciencia cierta si hubiera habido una autopsia realizada de acuerdo con los cánones científicos actuales o, cuando menos, siguiendo el esquema trazado por el Prof. Dr. Dionisio González Torres en su obra citada.

Las sospechas surgen porque nada se hizo bien y porque acto seguido se fraguó un cuento con testigos falsos para incriminar a un determinado sector político.

En esos días había un sector que quería a toda costa incriminar en alguna cosa al oviedismo. Con la complicidad de la prensa comprometida con Wasmosy, se venía preparando el ambiente para satanizar a un sector muy mayoritario de la ANR. Como la comedia del 23 de abril de 1996 se estaba viniendo abajo, era preciso tomar otras medidas. Había una turbia alianza entre Wasmosy y Clinton, a través de Mrak Jiménez, el financista filipino que bancaba las campañas de Clinton, y negocios de tráfico de drogas, armas, y electrónica que facturaba cifras siderales en dólares.

Y había un sector que por alguna razón estaba determinado a impedir que siguiera el negociado.

El telón de fondo de la tragedia paraguaya está allí, a la vista, y probablemente cuando el Sr. Bush se haga cargo de la presidencia de los Estados Unidos podrá ser contemplado con claridad. La tragedia paraguaya – y del Dr. Argaña – a mi entender, es una consecuencia de la alianza entre Clinton y Wasmosy, cuyos primeros resultados fueron la comedia del 23 de Abril de 1996 y la destitución de Lino César Oviedo del Comando del Ejército paraguayo.

 

     

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