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Reforma y resistencia

Alberto Vargas Peña (Fundación Libertad)

04 de mayo de 2000

   

La ANR viene haciendo resistencia a la política de reformas del Estado desde 1989, en forma solapada por un lado, y en forma abierta por otro.

Solapada desde sus organizaciones partidarias formales, y abierta desde los sindicatos que domina. Las reformas exigidas por los Estados Unidos, principal promotor del golpe de febrero de 1989 no se han hecho hasta ahora porque la nacionalista ANR no quiere.

Desde la época de Natalicio González coexisten dos corrientes en la ANR-Partido Colorado. La liberal, que viene del eje Decoud /Caballero y desde 1877, y la nacionalsocialista de Natalicio González, que viene desde aproximadamente 1928. La cúpula partidaria ha sido dominada, desde 1947, por el pensamiento nacionalsocialista.

En 1999, Luis María Argaña, era el paladín de la resistencia a las reformas. Apareció muerto y se atribuye hasta ahora su muerte a un atentado. Ese hecho puso en el gobierno del Paraguay a un equipo que simuló estar a favor de las reformas exigidas por los Estados Unidos.

El gobierno estadounidense, que tuvo mucho que ver con la caída del gobierno constitucional – pero “nacionalista” – del Ing. Cubas, se encuentra defraudado y presiona, cada vez más fuerte, para que se realicen las reformas. El gobierno ahora simula estar empeñado en un lucha frontal por hacer las reformas por la “vía rápida”, que conducirá a la venta de las empresas públicas a los “muchachos”.

En el Paraguay ninguna corporación es partidaria de las reformas, como creo haber dicho en artículos anteriores. El gobierno no la quiere, porque perdería mucho de su poder; la ANR no la quiere porque perdería su atractivo como partido esencialmente prebendario y clientelista; el PLRA no la quiere porque no podría prometer puestos a sus activistas; el PEN no la quiere por lo mismo y por cuestiones ideológicas; el empresariado no la quiere porque teme perder “protección” y no se siente capaz de competir en ningún terreno; el catolicismo no la quiere porque abomina de la libertad; el sindicalismo no la quiere porque desea  seguir manteniendo sus privilegios.

Estados Unidos quiere las reformas porque sin ellas el Paraguay es inviable, pero el Paraguay organizado resiste.

El gobierno de los Estados Unidos ya dio dos golpes en el Paraguay buscando las reformas: el primero, la noche del 2 de febrero de 1989; el segundo, en marzo de 1999, diez años después. Por las presiones que está ejerciendo contra el gobierno ilegítimo y usurpador que instaló en marzo de 1999, no esperará otros diez años para dar un tercer golpe.

El gobierno de los Estados Unidos parece estar convencido que los paraguayos no votarían las reformas si se les preguntara; por ello busca la “vía rápida”, que puede consistir en obligar al senador González Macchi a hacerlas o desalojarlo del poder y situar allí otro títere. Lo que no comprende es que sin la anuencia de los paraguayos las reformas naufragarán.

Creo que el gobierno de los Estados Unidos debería enviar al Paraguay a gente menos turbia que la que hasta ahora ha enviado, para que se informe debidamente de la situación y de la necesidad imperiosa de cambiar el gobierno por la vía legítima y de consultar al pueblo sobre las reformas.

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