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La insistencia en el error

Alberto Vargas Peña (F. Libertad)

08 de enero de 2002

Calificar de “error” lo que es una reiteración constante parece infantil. Cuando un grupo progresa y crece a costa de lo que se considera un error reiterado, no es precisamente que se trate, para ese grupo, de un error. Se trata de una política. ¿Cómo llamar a esa política reiterativamente errónea pero altamente productiva para un grupo? ¿Perversa, quizá?

Los políticos argentinos en su gran mayoría han venido cometiendo los mismos “errores” casi desde 1930. El gobierno es el que manda y dirige, y todos los demás obedecen mansamente. El gobierno impone los impuestos, manipula la moneda, concede privilegios, y señala metas. La sociedad, supuestamente soberana, cumple y sufre.

¿Cuántas crisis provocó el gobierno, cualquiera haya sido su signo, en la Argentina? Militares, civiles, nazis, fascistas, radicales, socialistas y justicialistas se han sucedido y, uno tras otro, han manejado a su placer la ficción perversa llamada “macroeconomía” para explotar, empobrecer y desesperar a los argentinos. Lo curioso es que una gran mayoría de argentinos sigue creyendo que la solución de sus problemas está en el gobierno, en los hombres fuertes o en los economistas inteligentes. La inmensa mayoría clama por dar más facultades a quienes hicieron mal uso de las que tenían y no alientan otro pensamiento que hacerlo peor aún.

El intervensionismo de Cavallo termina en un feroz cacerolazo que causa por lo menos treinta y cuatro muertos, y no se encuentra nada mejor que pasar al intervensionismo de Duhalde, que lo primero que hace es anunciar que robará a los argentinos el treinta por ciento de sus haberes e ingresos y les condicionará el retiro de sus propios fondos depositados en bancos “privados”.El gobierno ha conducido a un desastre que espera solucionar, no con menos gobierno sino con más.

Y se gastan ríos de tinta para explicar los fundamentos, alcances y posibles consecuencias de medidas que solamente pueden conducir a empobrecer más a un pueblo ya desesperado. El gobierno se endeudó hasta límites absurdos, como un irresponsable disoluto dilapidó el dinero a manos llenas, y ahora se pretende que sea obligación de los despojados, pagar las deudas ajenas pasadas y futuras.

¿Se trata de reiteración del “error”, comparable con la más suprema estupidez, o una política de grupo destinada a empobrecer a la mayoría para enriquecer, sin taza ni medida, a la minoría?

Francamente pienso que ni argentinos, ni paraguayos ni ningún latino podrá salir de la crisis en que viven, porque la ilusión del Hermano Grande es prácticamente indestructible.

    

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