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"Justicia" paraguaya

Alberto Vargas Peña (Fundación Libertad)

06 de julio de 2000

  

El ministro de la Corte Suprema de Justicia Dr. Bonifacio Ríos Avalos se lamenta de que la Justicia sea considerada por los paraguayos como el organismo estatal más corrupto después de las Aduanas. Dice que la encuesta (del Banco Mundial que lo señala) es injusta, y que solamente hay un pequeño índice de corrupción teniendo en cuenta la cantidad de jueces existentes y luego, con una argumentación infantil, indigna de alguien que alcanzó tan alto cargo, concluye que “la Justicia es de todos”.

Todo esto se debe a que los paraguayos en una encuesta recientemente publicada; los extranjeros en diversas ocasiones citadas por mí, por el diario La Nación y por toda la prensa; la propia Iglesia Católica que de corrupción sabe mucho y hasta Stephen Mc Farland, que al partir arrojó la flecha de los partos, ha determinado que la Justicia paraguaya es, probablemente, la peor y más deshonesta del mundo.

Ahora mismo se tiene una prueba de la corrupción de la Justicia. Un  juez acaba de declarar inocentes a personas que están encarceladas desde hace año y medio, y ya eran inocentes cuando fueron detenidas. Lo ha hecho por razones político-electorales, porque el gobierno usurpador e ilegítimo necesita de los votos de los sectores que responden a estos encarcelados. Como debería saber el Dr. Ríos Avalos, la corrupción no solamente se mide en términos de dinero, sino también de prevaricatos impulsados por la necesidad política. Un juez corrupto no es solamente aquel que se vende por dinero, sino el que obedece órdenes para contrariar la ley.

La corrupción de la Justicia paraguaya, conocida en todo el mundo y criticada por todo el mundo, tiene un alto precio para el país. Desde que esta Suprema Corte ha sido instalada, gracias al Pacto de Gobernabilidad firmado por el Ing. Wasmosy y el Dr. Domingo Laíno, las inversiones en el Paraguay han cesado de acudir. Se pueden revisar las cifras del MERCOSUR para ver cuanto dinero de afuera vino al Paraguay y si se buscan las causas se encontrará que siempre, los consultados, han dicho que la inversión no es posible por la “inseguridad jurídica”. No creo que sea necesario que yo exponga otra vez las cifras; las he dado más de una vez.

La Justicia paraguaya es dócil cómplice del gobierno usurpador e ilegítimo. Lo ha confirmado – ilegalmente – y lo ha acompañado en su política de persecuciones políticas y torturas. Ha utilizado su estructura para disfrazar la arbitrariedad, violando a su antojo y con impunidad total la Constitución de la República, sus Códigos y sus leyes, y aún los Tratados Internacionales que garantizan la vigencia de los Derechos Humanos. Eso es corrupción de la peor especie.

Pero el caso no se detiene allí. Todo el mundo que haya pasado por un tribunal paraguayo puede atestiguar que los jueces venden las  sentencias al mejor postor, y cuando no pueden hacerlo y deben dictar sentencia a favor del inocente, se inhiben. Y eso ¿no es acaso corrupción?

He hecho una encuesta personal, para mi manejo, entre gente de significación en el país. El 100% opina que para salir del pozo, hay que comenzar por reformar la Justicia. En la opinión de los paraguayos, el cáncer se origina allí.

         

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