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Reforma agraria y revolución verde

Alberto Vargas Peña (F. Libertad) 

05 de diciembre de 2000

De la mano de un jurista costarricense, el Dr. Zeledón, apareció en el Paraguay un proyecto de Código Agrario que hacía desaparecer la propiedad privada rural, sobre la base de la necesidad de implantar una “reforma agraria” del tipo realizado en Costa Rica, un país pequeño y muy poblado de la América Central. Costa Rica tiene apenas 51.100 km cuadrados y una población de 3.534.174 habitantes, lo que da una densidad poblacional de 69 habitantes por km cuadrado.

El Paraguay tiene 406.752 km cuadrados y una población – en el Paraguay, habitando permanentemente – de 5.291.020 habitantes, lo que da una densidad poblacional de 13 habitantes por km cuadrado. Intentar implantar una reforma agraria del tipo de la de Costa Rica en el Paraguay es un dislate matemático.

Yo entiendo por “reforma agraria” el reparto de tierras. Es el concepto clásico. Toda “reforma agraria” intenta destruir los latifundios y otorgar tierras a quienes no las tienen y la requieren como factor de producción. Ese concepto es , en este momento de la historia, peligroso y nocivo, porque no conduce a nada.

El concepto de “reforma agraria integral” es un invento autoritario para mantener en producción un aparato que no funciona. Se basa en la intervención total del Estado en todo el proceso agrícola, sin tener en cuenta ni la productividad ni la competitividad. El resultado ha sido, históricamente, el abarrotamiento de silos estatales con productos invendibles y la quiebra de los bancos estatales de créditos.

El Paraguay es un país con posibilidades en la agricultura y la ganadería. No se puede decir que sea un país agrícola- ganadero porque su agricultura, salvo la de la soja, es incompetitiva. Tampoco se puede decir que sea ganadero, con rebaños que no superan los diez millones de cabezas y con una calidad de carne que no es preferida en los mercados internacionales.

Pero se puede contar con que, con libertad, se puede convertir en un emporio de producción agrícola-ganadera. Se trata de una expectativa seria, pero no de una realidad.

Una reforma agraria del tipo de Costa Rica no provocará lo que se busca en realidad, que es la agricultura y la ganadería competitivas, con alta productividad y calidad, y saldos exportables por su cantidad y precio. Provocará lo contrario, como lo demuestran las experiencias anteriores vividas.

La política paraguaya se debe basar en el impuesto a la renta presunta de la hectárea de tierra y en las leyes de aparcería. Con la primera medida se logra destruir los latifundios no rentables y con la segunda, que el aparcero produzca para pagar su tierra. En lugar de endeudarse en dinero y a los entes financieros el aparcero se compromete a entregar el diezmo de su producción para pagar su parcela y le queda el resto libre para progresar. Sobre esas bases es que hay que organizar la “revolución verde” .

Yo no estoy a favor del latifundio, pero si de la propiedad privada. Si una persona puede mantener un latifundio pagando el impuesto a la renta presunta de la hectárea, que lo mantenga, ya que el producido de ese impuesto debe ir al fomento de la tecnología agrícola. No creo que la parcelación de las tierras conduzca a otra cosa que a su posterior reventa y un círculo vicioso eterno.

Yo estoy totalmente en contra de la reforma agraria y a favor de la revolución verde.

  

   

    

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