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Globalización y resistencia

Alberto Vargas Peña (Fundación Libertad)

02 de junio de 2000

  

La globalización – que es la tendencia a la liberación total y completa de todos los mercados a nivel planetario – no ha sido, ni mucho menos, planificada o siquiera deseada por gobierno alguno.

Surgió espontáneamente, a caballo de la Internet que es la revolución del siglo XX. Con las comunicaciones instantáneas e imposibles de controlar, se abrió un mundo nuevo que los pioneros se encargaron de ir modelando, tal cual lo hicieron los pensadores y revolucionarios del siglo XVIII, y los ingenieros e inventores del siglo X IX y los de la primera mitad del Siglo XX. 

La globalización es una consecuencia de la libertad surgida a través del conocimiento y la tecnología, y no de la acción de los gobiernos. Por el contrario, todos los gobiernos – sobre todo los de las primeras potencias – se encuentran buscando la manera de anular la libertad de la Internet y limitar los efectos del mercado mundial. Pero por si acaso, los gobiernos del Primer Mundo se dedican también a ver cómo insertarse en lo que probablemente sea inevitable.

La resistencia a la globalización sin planificación gubernamental es general en el mundo de las burocracias, que no pueden concebir un mundo diseñado marginándolos. Si una persona, en su domicilio, puede hacer negocios con otra persona en el Japón, en las mismas condiciones, sin pedir permisos ni aguantar regulaciones de ninguna clase; si puede transferir dinero o informaciones sin control alguno; si puede comprar desde Paraguay en los Estados Unidos y vender, sin moverse de su cómoda poltrona, en Alemania, entonces el Estado – o los Estados – tal cual están diseñados hoy, tienen las horas contadas. Y con los Estados y gobiernos, las burocracias.

El mercado libre global es, todavía, una utopía, un ideal que está apenas esbozado en la realidad. Las resistencias son enormes y vienen de distintas direcciones, pero será la utopía dominante del siglo XXI y la que diseñe, en gran medida, la fisonomía mundial. La lucha por la libertad se dará, no ya en las calles de las ciudades sino en los pasillos virtuales de la Internet.

Los resistentes dicen que en ninguna parte se da el mercado libre global. Es cierto; hasta hoy el mercado continúa parcelado, cautivo, limitado, restringido y controlado, sometido a una cantidad de cortapisas que hace que el consumidor no sea, como debe ser, el soberano absoluto. Y eso seguirá todavía por mucho tiempo, y tal vez haya avances y retrocesos en el proceso de liberación de los mercados; pero el mercado libre global es una aspiración que ya no puede detenerse y que prevalecerá en el futuro.

Las crisis que estamos viviendo hoy se deben a que el mundo está cambiando desde abajo y los gobiernos no encuentran la forma de adaptarse o resistir con ventaja. En el Primer Mundo se busca la adaptación y en el Tercero prevalece la resistencia. Esto permite suponer que el Tercer Mundo continuará tan desdichado como siempre, hasta que sus elites reciban – aunque sea por milagro – el soplo de la inteligencia o hasta que , por culpa de su miserabilidad, sea devorado.

El mundo del conocimiento, que se abre ancho y desconocido, hace trabajar las inteligencias del Primer Mundo y los miedos del Tercero. Cuando por fin advenga el mercado libre mundial, el Primer Mundo estará allí proveyendo todo, mientras el Tercero gemirá, como hasta ahora, tratando que alguien le arroje un mendrugo de pan. Y no tendrá siquiera el arbitrio de la guerra, puesto que el Primero Mundo será tan poderoso que bastará pulsar un botón para eliminar las excrecencias.  

 

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