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Los planes de Wasmosy

Alberto Vargas Peña (F. Libertad) 

02 de enero de 2001

El 24 de diciembre del 2.000 – la noche de paz – corrió un rumor que luego fue confirmado a medias por el vocero del senador Luis González Macchi: Había inquietud militar. Mis informante me dijeron que el plan era la renuncia del senador González Macchi a la presidencia que  usurpa, la renuncia del vicepresidente elegido, Dr. Julio Cesar Franco, y la disolución de la Corte Suprema de Justicia, con el objeto de llamar a elecciones generales y colocar un hombre de Wasmosy, sí, Wasmosy, Juan Carlos Wasmosy, el ex presidente de la República y el organizador de cuanto desafuero ha ocurrido en el país desde 1993, en la presidencia  de la República.

Y había que hacerlo rápido, antes que se vaya Peter Romero, el hombre que William Clinton nombró como Subsecretario para Asuntos Latinoamericanos del Departamento de Estado.

¿Se trataba solamente de un rumor? Aparentemente no, porque el senador González Macchi se puso a cambiar mandos militares, no muy  drásticamente por el temor de enojarlos, sino como si fueran naipes, mezclándolos.

Esfuerzo vano porque los mandos superiores responden todos, al unísono, a Juan Carlos Wasmosy. Pero a Wasmosy y a esos mandos se les acaba el tiempo. Al irse Peter Romero las fuerzas estadounidenses que los respaldaban, le prestaban auxilio, los asesoraban y los entrenaban, responderán a otro presidente y a otro Secretario de Estado.

El rumor persiste y se habla de que se obligará a renunciar a González Macchi el siete de enero, como un regalo del día posterior a la festividad católica de los Reyes Magos. Y entonces se pondrá en marcha el plan. De Franco no se teme nada, porque a la felonía agrega la inutilidad y bastará con que le hablen por teléfono para que renuncie.

Tal vez Armando Espínola, su asesor wasmosista sea el que le diga que  su aventura política terminó y que el telón cayó definitivamente.

Los brasileños, me dicen, no desean que se cumpla en plan de Wasmosy. Y los brasileros tienen mucho que decir en el Paraguay y lo vienen diciendo, casi a voz en cuello, desde que entraron en la conspiración para exiliar a Raúl Cubas, el último presidente constitucional  paraguayo del siglo veinte.

Los americanos tienen nueva presidencia, y se espera que George Bush no siga con la política de Clinton y sus secuaces. Argentina está inmersa en un desastre descomunal. Dentro de este esquema serán los brasileros los que lleven la voz cantante. Y tienen la carta de un rehén importante para jugar cuando les plazca.

A Wasmosy se le acaba el tiempo. La cárcel lo espera porque ya ha hecho demasiado contra el Paraguay y el país entero está pidiendo que se lo saque del juego. Su dilema se resuelve ahora o nunca, y está por verse si ya es posible resolverlo, aunque tenga a su orden a todos los generales paraguayos.

La Corte Suprema de Justicia, que tanto ha hecho por entronizar y sostener a este gobierno por todos los medios ilegales que supo disfrazar, se encuentra ahora en la mira, y ya ha comenzado a darse cuenta con que clase de Calígula están jugando. Es posible que todos  sus pasos, de ahora en adelante, busquen proteger su integridad y permanencia.

Wasmosy está jugando su última carta. Espero que la muestre y pierda el juego. Y reciba lo que merece.

  

  

    

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