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Nuestros diputados

Enrique Vargas Peña 

29 de mayo de 2001

 

          Nosotros, el pueblo paraguayo, debemos preguntar a nuestros supuestos representantes de la Cámara de Diputados si nos van a servir a nosotros o si prefieren servir a otros intereses.

        Porque de eso se trata la idea de solicitar el enjuiciamiento del presidente Luis Ángel González Macchi: ¿Los diputados votarán para castigar la indecencia en el Poder Ejecutivo o para favorecer a sus partidos o a sus grupos de negocios?

        Es evidente ­para cualquiera que se interese­ que el señor González Macchi está desempeñando mal el cargo para el que fue designado de forma completamente irregular y que, por si todo eso fuera poco, existen indicios suficientes para sospechar de que en el curso de ese desempeño hubo comisión de delitos comunes.

        Algunos diputados (argañistas, encuentristas y ex oviedistas), que cobran un muy buen sueldo para servir al pueblo paraguayo y no a sus intereses particulares, no han tenido vergüenza de decir en estos días que el pedido de juicio político de González Macchi no debe concretarse porque “la cupulita liberal (que constitucionalmente debe suceder al presidente) no moralizará al gobierno”.

        Sin embargo, la asunción a la presidencia de la República de un paraguayo elegido por el pueblo implica moralizar radicalmente el poder. Por tanto, si tenemos la desgracia de que el presidente Julio César Franco se desempeñe del mismo modo nefasto que González Macchi, aún así habremos ganado la legitimidad, piedra angular de la moral pública.

        A pesar de lo que predican Mario Paz Castaing y otros serviles, los diputados argaño-encuentristas-exoviedistas no deben olvidar que no están en el Congreso para beneficiar a sus grupos o a sus familias, sino para ser vehículo de la voluntad popular en la gestión de la cosa pública.

        Los diputados que están tratando de salvar a González Macchi dicen también que “la situación está tan complicada que no admite ya un cambio de gobierno”. Al parecer, pretenden que se olvide el punto central de la cuestión: el Paraguay está sumido en una crisis muy especial, pues su propio gobierno es el problema principal.

        El gobierno de Luis Ángel González Macchi es el principal problema del Paraguay, es el escollo que nos separa de la normalidad. Es el factor más importante que impide a los comerciantes vender, a los industriales producir, a los trabajadores ganar. González Macchi solo beneficia a los prebendarios.

        La crisis exige, consecuentemente, remover al gobierno, cuanto más rápido sea, tanto mejor.

        Los diputados que están tan preocupados por la suerte del argañismo deberían ocuparse un poco más de la suerte del país. Ya han causado demasiado daño con sus absurdos jueguitos político-comerciales, con sus cálculos para ver quién burla más astutamente al pueblo paraguayo.

        Nosotros, la sociedad civil, debemos articularnos para hacer ver a nuestros supuestos representantes de la Cámara de Diputados que si no van a servir al pueblo, el pueblo será capaz de castigarlos.

    

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