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El problema de la Caballería

Enrique Vargas Peña

29 de mayo de 2000

             

          El traslado de la Caballería (actualmente conocida como Primer Cuerpo del Ejército paraguayo y anteriormente como Primera División de Caballería) desde los cuarteles que ocupaba a las puertas de Asunción hacia destinos menos influyentes ha sido, durante décadas, uno de los principales reclamos de los demócratas paraguayos.

         La Caballería protagonizó demasiados úkases militares sobre los gobiernos civiles como para que la sociedad política no tuviera, a estas alturas, perfectamente claro que ella no podía continuar allí donde estaba sin suponer un riesgo permanente para estabilidad institucional.

         Pero, como lo demostró la caída de Alfredo Stroessner, la Caballería podía servir también como punta de lanza de proyectos democratizadores y civilistas.

         Se recordará que el 3 de febrero de 1989, ella fue la que puso fin a la larga noche autoritaria que sufría el Paraguay.

         La Caballería es, o era, la columna vertebral de la Fuerza de Defensa del Paraguay, cumpliendo aquí, con las obvias diferencias de escala y equipamiento, un rol semejante al que en cualquier fuerza armada del mundo tienen los cuerpos estratégicos.

         Ninguna otra repartición de las Fuerzas Armadas paraguayas tiene, o tenía, el poder, pero sobre todo la mística, de la Caballería: sus cuadros de oficiales, que son en última instancia uno de los elementos decisivos en cualquier dispositivo militar, son, o eran, los mejores del Paraguay.

         Ahora, a raíz de los extraños sucesos del 18 de mayo de 2000, el régimen que encabeza el senador Luis González Macchi, ha ordenado un apresurado traslado de la Caballería, ejecutado rápidamente en medio de la mayor improvisación que fuera imaginable.

         El régimen de González Macchi ha ejecutado, más que un traslado, un desmantelamiento de la base articuladora de las Fuerzas Armadas paraguayas: la Caballería ha sido desarmada, dividida, diezmada y, accesoriamente, trasladada.

         El traslado era un objetivo político compartido ampliamente. El desmantelamiento realizado con la excusa del traslado no solamente carece del mismo apoyo, sino que es una peligrosa irresponsabilidad con relación a la defensa nacional.

         El régimen de González Macchi es una imposición extranjera sobre el Paraguay, ejerce el poder por delegación de Estados Unidos, Brasil y la Iglesia Católica, y las medidas que toma referidas a la defensa nacional deben ser cuidadosamente escrutadas pues sobre ellas cae la sospecha de estar dictadas al margen de los intereses de la soberanía nacional.

         La Caballería debía ser trasladada fuera de Asunción, pero de ninguna manera debía ser desmantelada. Un país incapaz de proveer a su propia defensa está muy próximo a dejar de ser un país independiente, si es que todavía continúa siéndolo, lo que, en nuestro caso, está bastante en duda.

 

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