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Presupuesto 2001

Enrique Vargas Peña

28 de diciembre de 2000

 

 

Aunque se sabía, al menos desde los tiempos en que Juan Carlos Wasmosy era presidente de la República, que el Presupuesto General de Gastos de la Nación es una ley que nadie cumple, nunca antes de ahora se había asumido de manera tan abierta que ese instrumento central de la democracia es papel mojado para el Estado paraguayo.

El 27 de diciembre se reunieron en la residencia presidencial “Mburuvichá Róga” el presidente de la República y los presidentes de ambas cámaras del Congreso para decir, públicamente y sin ponerse colorados, que la ley de Presupuesto aprobada por el Legislativo, que en teoría insumió el trabajo por el que se justifican los salarios de los diputados y senadores y que es la razón de ser de ese Poder, será modificada los más rápidamente que les sea posible para gastar más “según lo permitan las recaudaciones”.

Esto es lo que afirmó textualmente Juan Roque Galeano, presidente del Congreso.

¿Qué es lo que Juan Roque cree que es el Presupuesto? ¿Nadie le enseñó acaso lo que significa la Ley del Presupuesto?

La Ley del Presupuesto General de Gastos de la Nación no es solamente la base para llevar adelante la administración pública. Es, principalmente, el permiso que los ciudadanos otorgan al gobierno para gastar su dinero, el dinero de los ciudadanos.

El hecho de que el sistema de representación sea en el Paraguay una lamentable parodia que impide al pueblo ejercer el Poder Legislativo porque en su lugar lo ejercen los paniaguados de algunos caciques políticos, no modifica la naturaleza de la Ley del Presupuesto.

Si en el Paraguay los diputados y los senadores fueran realmente representantes del pueblo, en vez de ser delegados de los jefes partidarios, hubieran trabajado para que el Estado gaste menos y gaste mejor para que sus representados tuvieran que pagar menos impuestos y recibir mejores servicios.

Pero aquí lo único que buscan los senadores y diputados es cómo sacarle plata al contribuyente para gastar cada vez más, en ellos, en sus clientes, en sus amigos, en sus protectores y en sus financistas.

Y así le va al país, sumido en una recesión crónica que lleva ya casi veinte años y que se agudiza sin pausa desde hace tres.

¿Por qué supone Cándido Vera Bejarano, presidente de los diputados, que el país está así? ¿Por la gracia de Dios? ¿Por la influencia de Satanás? ¿Por qué los brasileños son malos?

Pues el Paraguay no está mal tanto por cualquiera de esas causas, como porque nadie defiende al pueblo de los abusos oficiales. Nadie impide que el Estado se devore todos los recursos que produce la sociedad a una velocidad mayor que la que le permitiría reponerlos y para fines que ella no decide ni quiere. Nadie defiende el bolsillo de los contribuyentes aunque a él, a Vera Bejarano, se le paga muy bien para que lo haga.

El anuncio producido el 27 de diciembre, acerca de que no se cumplirá la Ley del Presupuesto sancionada constituye una prueba más sobre la inexistencia de democracia en el Paraguay: el Estado, por medio de sus más altos exponentes, reconoce que gasta arbitrariamente y que recauda en función de esa arbitrariedad sin importar lo que quieran o lo que puedan los contribuyentes.

           Esa es la causa que llevó a los ingleses a la Revolución de 1215. Sería bueno que en el Estado traten de adivinar qué pasó ese año en Inglaterra.

 

   

    

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