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Fadul se sacó el velo

Enrique Vargas Peña 

27 de diciembre de 2001

 

         Pedro Fadul, empresario ligado a la Iglesia Católica y a sus organizaciones sociales (Asociación de Empresarios Cristianos, Movimiento Schoenstat) presentó finalmente ayer su candidatura presidencial, con la presencia del general Santiago Zaracho y la del gobernador de Boquerón, Rodolfo Penner, del Encuentro Nacional.

         Se trató de un evento mediático y no popular. Fadul apareció en las primeras planas de todos los medios paraguayos, lo cual es significativo: la candidatura de Fadul nace de arriba para abajo, es una oferta de quienes lo proponen y no una demanda del público.

         Esto no es malo en sí mismo, pero tiene riesgos y los antecedentes no son buenos en Paraguay. Debe recordarse el montaje de la candidatura de Guillermo Caballero Vargas (partido Encuentro Nacional), que tuvo efectos políticos perniciosos, cuyas repercusiones afectan a la sociedad hasta ahora.

         No tanto porque haya dispersado el voto opositor en las elecciones del 9 de mayo de 1993, lo cual era indudablemente su legítimo derecho, abriendo las puertas del poder a Juan Carlos Wasmosy, sino principalmente porque reinstaló el corporativismo como método político en Paraguay.

         Caballero Vargas fundó una fuerza política, el Encuentro Nacional, con el deliberado propósito de convertirlo en el vehículo de algunos poderes fácticos que verían disminuida su influencia con la consolidación de la democracia, tales como los industriales, los ganaderos, los financistas, los intelectuales, los profesionales.

         Tentó también a los sindicatos, aunque con poca suerte.

         El Encuentro Nacional atrajo a las clases medias surgidas al amparo del stronismo, temerosas de que la democracia barriera con sus privilegios. Aglutinadas en una entidad política, fueron capaces, además, de articular una oposición paralizante ante el fenómeno del general Lino Oviedo, capitalizador del descontento popular con el gobierno de Wasmosy.

         Las corporaciones existen, por definición, para impulsar sus propios intereses y, en consecuencia, la idea según la cual el común, el electorado, no tiene condiciones para atenderlos subyace en todo su discurso e informa todo su accionar.

         Caballero Vargas y Wasmosy, ambos de idéntica extracción, sostienen que el pueblo paraguayo no sabe elegir y, por tanto, no encuentran dificultad filosófica alguna en las restricciones que se establezcan a la libertad de elección del pueblo paraguayo.

         Por eso admiten sin reservas la tutela norteamericana o brasileña.

         Los mismos sectores sociales que encontraron expresión en el proyecto de Caballero Vargas, presentan en este momento el de Pedro Fadul.

         Corresponde a los partidos políticos tradicionales enfrentar el desafío y demostrar que los paraguayos pueden autogobernarse.

    

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