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El ejército en Paraguay

Enrique Vargas Peña

Paraguay es un país que ha tenido, históricamente, la desgracia de no poder establecer sólidas instituciones democráticas o republicanas. El ejército ha servido a largas tiranías personales o familiares  o alimentado períodos anárquicos de gran violencia. Hay pequeñas y breves islas de institucionalidad democrática (1924/1936, 1946, 1989/1992) que son excepcionales.

El ejército colonial español que se levantó el 14 de mayo de 1811 en defensa de la legitimidad borbónica, deponiendo al gobernador Bernardo Velazco, fue rápidamente descabezado, en una purga sangrienta, por el Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia, que para 1813 había convertido a aquella fuerza armada en su propia guardia pretoriana.

La Dictadura que le fue conferida por el Congreso de ese último año, fue votada en una iglesia rodeada por los militares. El dictador usó el mismo método persuasivo para lograr la Dictadura Perpetua, que le fue otorgada por el Congreso de 1816.

La eliminación de los oficiales de carrera (Fulgencio Yegros, Pedro Juan Caballero, Vicente Ignacio Iturbe, Cabañas, etc.) transformó al ejército en la milicia de un partido, el partido de Francia, que adquirió todos los elementos propios de un auténtico ejército de ocupación.

El Paraguay vivió, entre 1816 y 1844, bajo la ley marcial, los militares estaban investidos de autoridad pública y el que no saludara con respeto a un militar podía ser castigado con latigazos.

La dictadura familiar de los López, inaugurada en 1844, fue votada por un Congreso sometido a las mismas presiones que había impuesto Francia y, de hecho, el régimen no cambió sino de cabezas formales.

La experiencia terminó trágicamente con la derrota en la guerra contra Brasil, Argentina y Uruguay (1865/1870), que puso fin al ejército dictatorial.

La refundación de la República, en 1870, produjo algunos cambios esperanzadores. Durante algunos años, el país vivió sin un ejército digno de ese nombre, aunque ello produjo un efecto indeseado: la aparición de bandas armadas capaces de imponerse a la autoridad pública.

El conflicto con Bolivia por la posesión del Chaco obligó a organizar en el Paraguay unas auténticas Fuerzas Armadas que, salvo los episodios de Albino Jara y de la guerra civil de 1922, se abocaron a la tarea específica de ejecutar la política del Estado en el Chaco, con lo que se obtuvo el triunfo en la guerra (1932/1935).

Pero el fascismo del coronel Rafael Franco y la ambición de los políticos terminaron por volver a tentar al ejército, que tomó el poder el 17 de febrero de 1936 para no dejarlo más.

La ficción de un ejército nacional duró todavía un poco, aunque el general José Félix Estigarribia hizo esfuerzos notables por politizar a las Fuerzas Armadas y militarizar al país, como habían hecho Francia y los Lopez.

El general Higinio Morínigo hizo lo propio y, tras el triunfo del partido Colorado en la guerra civil de 1947, las Fuerzas Armadas paraguayas se convirtieron, de hecho, en una milicia colorada, a la que no tenían acceso los paraguayos que no estaban afiliados al partido.

El coronel Enrique Gimenez y el general Emilio Diaz de Vivar son los hombres que dieron los primeros y decisivos pasos para "coloradizar" a las Fuerzas Armadas   Las purgas de oficiales no adictos al régimen fueron moneda común y cientos de militares perdieron sus carreras y empleos en razón de consideraciones políticas. Cuando Alfredo Stroessner accedió al poder, en 1954, lo hizo como jefe del ejército particular del Partido Colorado.

Durante todo el tiempo transcurrido entre 1947 y 1989, fecha del derrocamiento de Stroessner, el ejército fue una fuerza de ocupación de un país sometido a la ley marcial.

El golpe del 3 de febrero de 1989 pareció iniciar una tendencia contraria, revirtiendo los aspectos más repugnantes de la asociación totalitaria entre las Fuerzas Armadas, el partido Colorado y el Estado, hasta que, lamentablemente, el general Andrés Rodríguez y su subordinado Lino Oviedo, resolvieron desconocer la voluntad del pueblo expresada el 27 de diciembre de 1992, imponiendo al perdedor de las elecciones primarias de ese día, Juan Carlos Wasmosy, como candidato del coloradismo a la presidencia de la República por voluntad de las Fuerzas Armadas.

Wasmosy profundizó la repolitización del ejército, realizó las mayores purgas militares habidas en el país desde 1947 y, ya fuera del gobierno, organizó el golpe militar que el 28 de marzo de 1999 impuso la renuncia al presidente constitucional del Paraguay, Raúl Cubas Grau, elegido por el 54% del voto popular en las elecciones más limpias de la historia del país.

El golpe del 28 de marzo, liderado por el comandante del III Cuerpo del Ejército, general Garrigoza, abrió las puertas para completar la conversión del ejército, nuevamente, en la guardia pretoriana de un régimen dictatorial.

El régimen asegura así la disposición de la fuerza para respaldar su objetivo de restringir las elecciones o cometer fraude en las que hayan.

Las purgas iniciadas el domingo 21 de noviembre, que ahora alcanzaron al jefe del estado Mayor de la Caballería, coronel Piñeiro, son parte de ese propósito perverso.