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Representación

Enrique Vargas Peña

24 de julio de 2000

 

   

La discusión sobre la reforma electoral que está en curso en el Paraguay no puede estar peor encaminada: están hablando de unificar las elecciones y de abrir las listas de los partidos.

         Unificar las elecciones simplemente reduce la posibilidad del pueblo de participar en la gestión del gobierno y de controlar a sus mandatarios. Tiene mucho mayor participación en los asuntos públicos una sociedad llamada frecuentemente a las urnas que una que está limitada a concurrir cada cinco años, como pretenden en Paraguay.

         El actual sistema paraguayo, con una elección general cada cinco años y una elección municipal, también quinquenal, pero realizada en el medio término del período originado en aquella, es ya completamente insatisfactorio a los efectos del control y la participación populares.

         Tanto los elegidos en la primera, como los elegidos en la segunda no deben rendir cuentas de sus actos durante toda la duración de sus gestiones y, aunque la elección municipal sirve para eventualmente enviar mensajes al Poder Ejecutivo nacional, no tiene efecto alguno sobre el Poder Legislativo.

         Algo peor sucede con la general con relación a la municipal, donde concejales e intendentes gozan de una absoluta impunidad frente a sus mandantes.

         Ahora se pretende reducir aún más la posibilidad de participación y control, unificando las elecciones general y municipal en un solo acto quinquenal, eliminando estrecha posibilidad de un pronunciamiento de medio término que ahora tiene el electorado.

         Al mismo tiempo pretenden abrir las listas de candidatos, actualmente integradas por cada partido por el sistema de representación proporcional mediante elección directa de los afiliados de cada partido político.

         Dicha pretensión encubre la intención de mantener el sistema de listas, que constituye el problema en sí mismo: las listas, abiertas o cerradas, impiden la vinculación directa del elector y el elegido al imponer la intermediación obligatoria de las cúpulas políticas y diluyen completamente la responsabilidad personal del mandatario ante sus mandantes durante el ejercicio del mandato.

         El problema central del sistema de listas, cualquiera que sea la variante que se analice, es ese: el elector no tiene vínculo alguno con su representante mientras este ejerce sus funciones, por lo que las ejerce para beneficio de grupos especiales de interés.

         En síntesis, la reforma electoral que se propone para el Paraguay, refuerza el carácter autocrático de las oligarquías políticas dominantes y no constituye avance alguno en la democratización del país con relación a la situación que ahora existe.

 

 

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