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Cristaldo Ayala y el liberalismo

Enrique Vargas Peña

24 de abril de 2000

 

El domingo 16, Porfirio Cristaldo Ayala publicó en ABCColor un notable artículo que merece reflexión porque el autor pasa por ser uno de los más consistentes proponentes del liberalismo en el Paraguay.

El artículo se titula “El Delito de Microsoft” y expone las observaciones que el caso de la celebérrima empresa de softwares motiva a Cristaldo Ayala, pues se recordará que el gigante de la informática se encuentra procesado por violar la ley anti-monopolios de Estados Unidos.

Para defender su punto, Cristaldo Ayala dice que “Microsoft no es un monopolio”, como si alguien hubiera dicho que lo fuera y como si sus lectores no pudieran recordar que dos líneas antes él mismo debió señalar que el proceso se abrió por la comisión de “acciones anticompetitivas”.

Monopolio no es lo mismo que acciones anticompetitivas.

Luego afirma que el juez del caso no dice cuál es el crimen de Microsoft ni explica cuál es el daño causado a los consumidores.

Sin embargo, cualquier persona medianamente informada sabe que el delito de Microsoft fue establecer en su sistema operativo “Windows” un navegador de internet, el Explorer, que aparece sin ser solicitado, desanimando la libre elección del consumidor y, por supuesto, las posibilidades de la competencia.

Siendo un sistema operativo, la instalación “por default” del Explorer en el Windows no es un software más que se carga a cualquier máquina.

Cristaldo Ayala pasa estos hechos por alto, como si no fueran el quid de la cuestión.

Y agrega que “el absurdo fallo surge de una vieja ley de 1890, aplicado al sector más avanzado y dinámico del 2000”, como si las leyes fueran malas o buenas por ser viejas o nuevas.

Con ese criterio, este sí absurdo, la Carta Magna de 1215 no serviría más que para ser exhibida en el museo, lo mismo que la Constitución Americana.

Pero ocurre que esa “vieja ley de 1890” es una de las glorias mayores del liberalismo, comparable en lustre a aquellas Carta Magna y Constitución, pues es la Ley Sherman Anti Monopolios, que ha preservado a Estados Unidos de los efectos desastrosos de la economía capitalista.

La economía capitalista, como se sabe, no es lo mismo que economía liberal, pues el capitalismo tiende indefinidamente a la concentración de la riqueza y el liberalismo precautela esencialmente la generación, lo más amplia posible, de la riqueza.

Como lo reconoce el propio Cristaldo Ayala, ya Adam Smith había señalado que el monopolio y el progreso no son compatibles.

En su defensa de la conducta de Microsoft, Cristaldo Ayala se ve obligado a reconocer que las acciones monopólicas realizadas por gigantes empresariales o conglomerados de productores jamás han tenido éxito “porque siempre aparecen nuevos competidores”.

El autor demuestra allí una de dos cosas: o no conoce el problema generado por Microsoft, o pretende ocultarlo.

Es justamente su intención de evitar la aparición de nuevos competidores, o de desplazar a los existentes, lo que se ha condenado en la conducta de Microsoft, pues al asociar indisolublemente su navegador Explorer al sistema operativo Windows, la competencia se ve cada vez más restringida.

Es mediante esa asociación ilegal que Netscape, por ejemplo, perdió participación en el mercado, no porque su producto fuera peor que el Explorer. Cristaldo no menciona esto, lo cual es grave para el análisis.

De hecho, las estadísticas mencionadas por el propio Cristaldo Ayala en su artículo demuestran que mientras el público pudo elegir, es decir mientras el Explorer no estuvo asociado al sistema operativo Windows, la gente tenía mayoritaria preferencia por el Netscape.

Cristaldo Ayala habla del problema de Microsoft obviando completamente esa asociación ilegal entre el sistema operativo Windows y el navegador, asociación que no requiere de ningún privilegio estatal para materializarse y para producir el efecto perverso de las prácticas monopólicas.

Pontifica en ese punto Cristaldo Ayala sobre las “poderosos factores del mercado para combatir el monopolio, sin necesidad de ley alguna. Así, la innovación y el avance de la tecnología originan continuamente una mayor cantidad y variedad de bienes…”

Es como si Cristaldo Ayala no hubiera leído nada acerca de la cuestión: la conducta de Microsoft, valida, vale repetirlo, del sistema operativo, del elemento sin el cual la computadora no funciona, tenía por objeto destruir cualquier innovación que no se realizara en los talleres de Microsoft y está hoy muy cerca de lograrlo efectivamente.

El mercado por sí sólo estaba fuera de la cuestión, el señor Bill Gates había establecido bases para evitar una auto corrección del sistema.

La escala global de la operación de Microsoft no tiene precedentes en la historia humana y toda la cháchara sobre la competencia internacional que ensaya Cristaldo Ayala para justificar los derechos de Microsoft no resiste comparación con los hechos.

El consuelo final de Cristaldo Ayala para inducir a sus lectores a soportar el crecimiento monopólico de Microsoft es que cuando tal crecimiento se convierta en un verdadero monopolio, se tratará de un estado socialista incapaz de realizar cálculos económicos y que el resultado será una implosíon como la de la Unión Soviética.

Gran consuelo este, que no se inmuta del dolor causado por la tal implosión, ni por las víctimas que quedaron en el camino, ni por el progreso frustrado, ni por todas las cosas que pueden remediarse antes de llegar a tan trágico final.

Cristaldo Ayala termina su memorable artículo diciendo que el monopolio no es un defecto innato del mercado y que las leyes antimonopolio deben abolirse.

Adam Smith, autor viejo y por tanto despreciable según la lógica de Cristaldo, vio una cosa muy diferente: el Estado debe corregir los defectos del mercado para permitirle seguir siendo mercado. El capitalismo tiene al monopolio y el Estado debe evitarlo. Una función primordial del Estado es garantizar que nadie goce de monopolios.

Esta visión de Smith que, por supuesto, es la del liberalismo, se vio reforzada por la experiencia norteamericana, en la que la dinámica capitalista llevó a la formación de monopolios que ponían en riesgo el sistema de libertades norteamericano.

En la más pura tradición de Smith, los norteamericanos dictaron la Ley Sherman, que permite al Estado garantizar que nadie destruirá el derecho de los consumidores a la libertad de elección.

Esa ley les salvó ya de monstruos voraces como Rockefeller, la ATT y ahora, Microsoft.

Estados Unidos no se convirtió en un país comunista por desmantelar tales monopolios. Todo lo contrario.

La alternativa a esa ley es un Estado prisionero de las grandes corporaciones y un mercado cautivo para asegurar la riqueza de unos pocos.

Cristaldo Ayala no propone liberalismo de ninguna clase al propugnar la abolición de leyes como la Sherman, que en el Paraguay nunca han existido, sino que contribuye a sostener concentraciones insolentes, y nada liberales, de riqueza, como la de Juan Carlos Wasmosy y los demás privilegiados que son los dueños del Paraguay.