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Vitalidad del régimen

Enrique Vargas Peña 

23 de febrero de 2001

         Los adversarios del cristianismo se tranquilizaban mutuamente, entre los siglos III y V, cuando observaban las violentísimas querellas que se producían sin solución de continuidad en el seno de la naciente organización religiosa, viendo en ellas síntomas de su inviabilidad.

         Ahora es obvio que los adversarios del cristianismo se equivocaron y que lo que ellos veían como problema, era en realidad señal de vitalidad interna, de enorme vitalidad interna.

         En general, pues, las querellas internas muestran siempre el vigor de una fuerza. Por tanto, las luchas intestinas que afectan al régimen inaugurado el 28 de marzo de 1999 no son las que muestran su descomposición.

Esta se observa en otros fenómenos.

         Por ejemplo, la lucha entre el ex presidente Wasmosy y las demás facciones del régimen por la preeminencia, que se manifiesta principal, aunque no únicamente, en los últimos cambios militares y en los de la Corte Suprema y el Consejo de la Magistratura, no expresa la crisis del sistema.

La corrupción judicial la expresa. La subida del dólar la expresa. La violencia social la expresa.

         Confundir las cosas puede llevar a trágicos errores. Wasmosy ha tomado, ciertamente, postura sobre todos los aspectos que verdaderamente amenazan al régimen y al hacerlo pretende capitalizar el descontento que fluye fuera del sistema con el fin de preservarlo.

         Aunque otro tanto intentan ahora, con menos talento y medios, sus socios adversarios, él es ya el único en posición real de salvar al régimen. Consecuentemente es cuestión de tiempo que todos los beneficiarios del “marzo paraguayo” terminen alineados como velas detrás de Wasmosy.

         De eso se trata el discurso que presenta al público el senador Gonzalo Quintana, exponente del brazo presentable del wasmosismo, que contrasta con los guturales bufidos que emite cada tanto Francisco José de Vargas, del brazo cavernario, para mantener a la población atemorizada.

         La crisis del régimen de marzo tiene dos salidas posibles, el cambio o Wasmosy. Wasmosy es el autor intelectual del régimen y no es, ni puede ser, el cambio. Lo que él necesita es salvar a su criatura y no tiene más que un camino: radicalizar su modelo.

         Para entenderlo hay que recordar lo que hizo Stroessner en 1987.

 

    

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