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Sin alternativas

Enrique Vargas Peña

21 de noviembre de 2000

  

La patética actitud del senador Armando Espínola ante la votación con la que el Senado decidía el desafuero o no del ex presidente Juan Carlos Wasmosy, es mucho más que un desafortunado episodio parlamentario.

        Es un síntoma ominoso de la falta de alternativas políticas que sufre el Paraguay, lo que a su vez implica que nadie tiene, en la "clase política", disposición alguna para sacar al país de la penosa situación en que se encuentra.

        El senador Espínola, por seguir el caso, es un elemento fundamental del entorno del vicepresidente de la República, Julio César Franco, quien se presentó a sí mismo como "el cambio que el pueblo quiere" y ha tenido, Espínola, un rol protagónico en el diseño de la línea política que sigue el segundo funcionario del Estado.

        Aún suponiendo que Espínola hubiera obrado de buena fe, se tendría que es un representante timorato, imposibilitado, por tanto, de servir adecuadamente a sus mandantes.

        Y para hacer los cambios que el país requiere se necesitan políticos no solamente decentes, y que además de serlo también parezcan decentes, sino políticos con el suficiente carácter como para poder expresar sus puntos de vista, incluso sus temores, sin tener que esconderse tras la puerta o sin tener que hacer papelones.

        La "clase política" paraguaya no ha demostrado las aptitudes que convierten a determinados grupos en colectivos dirigentes en sus respectivas sociedades.

Lo que aquí ha sucedido ha sido, lamentablemente, una ocupación por vacancia de espacios de poder por parte de un grupo humano que no ha demostrado habilidad alguna para merecer la confianza del pueblo y que, ante la desconfianza popular, tampoco ha dudado en recurrir a procedimientos al margen de la legalidad para mantener sus privilegios.

        Estos privilegios, por su parte, son intolerables porque crecen en la medida que la ineptitud de la "clase política" provoca la ruina general del país, ejemplo de lo cual es el proyecto de presupuesto general de gastos de 2001.

         El caso del Armando Espínola muestra que no hay, en el interior de la "clase política", voluntad ni elementos para hacer un cambio a favor del Paraguay y que este cambio, necesario si se quiere progresar, vendrá necesariamente desde otra parte. 

   

    

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