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Problema moral

Enrique Vargas Peña

22 de setiembre de 2000

  

Los paraguayos somos víctimas de un problema moral.

Después de mucho tiempo de estar observando y siguiendo los hechos públicos, no tengo más remedio que admitir que aquí no solamente hay pendientes cuestiones institucionales o administrativas, sino principalmente un asunto moral.

Para ponerlo en términos simples, los paraguayos no saldremos del pozo mientras se aprecie más la célebre Hilux 4x4 que una conducta decente; mientras estemos dispuestos a pisar todo valor, todo principio, todo pacto para conseguir la seguridad de una buena cuenta bancaria; mientras creamos que el fin justifica los medios.

Durante los últimos cincuenta o sesenta años, hemos estado construyendo un sistema realmente perverso, que compele a la inmoralidad.

Este sistema obliga a la gente que busca naturalmente su bienestar a enlodarse para obtenerlo. Por ejemplo, los pequeños contratistas del Estado, en general gente buena que para acceder a un buen nivel de ingresos debe admitir como dádiva de los que mandan lo que no es sino el derecho de los que contribuyen, transformándose, a cambio, en parte de la base social del sistema.

El liberalismo sostiene que el afán de lucro es uno de los motores del progreso social, pero afirma que hay una ética del capitalismo sin la cual el afán de lucro se convierte en un camino de opresión.

En el Paraguay el sistema ha abortado a la ética del capitalismo, asesinada antes de nacer, y ha enterrado cualquier otro sistema moral, poniendo al afán de lucro al servicio del poder.

Así lo usó Stroessner, así se usa ahora.

Muchos creyeron que la quiebra moral que impone el sistema puede ser limitada al aspecto económico. Pero este es el momento en que todos estamos empezando a comprender que la decencia no se divide en compartimientos estancos y que el que es capaz de aceptar aquellas dádivas, es licenciado muy pronto para violar incluso los pactos familiares.

El resultado es este desastre que tenemos, un desastre evidenciado por la patética confesión de muchos padres de que deben pedir la ayuda de un edicto policial para controlar a sus hijos.

El desastre que afecta a nuestras familias nos conduce a empobrecernos incluso en ese aspecto que tanto preocupa: el económico. Nadie puede ocultar el hecho de que el sistema está empobreciendo cada vez más rápido al Paraguay.

         La moral, pues, no es una cuestión de curas y de viejas beatas. Es un elemento esencial del desarrollo que hemos olvidado en el Paraguay. 

 

 

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