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Chávez y Chile

Enrique Vargas Peña

21 de agosto de 2000

  

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, sostuvo la pasada semana, que la democracia representativa había fracaso en América Latina y Antonio Skarmeta, embajador chileno en Alemania, sostuvo en una entrevista que le realizó la televisión internacional alemana, que en Chile hay que modificar el sistema de representación política, de acuerdo con el punto de vista oficial de las fuerzas que están en el gobierno chileno desde 1989.

         Ambas afirmaciones tienen un campo común: el sistema electoral.

         Venezuela sufrió, en los cuarenta años pasados desde la firma del Pacto de Punto Fijo entre los principales partidos políticos del país, la más aberrante rapiña que haya sufrido nación alguna de América Latina a manos de la auto denominada clase política y esto fue posible porque ella monopolizaba el poder mediante el mecanismo de representación proporcional.

         Y es este mecanismo, precisamente, el que reclama el actual gobierno chileno para reemplazar al sistema mayoritario especial que ahora existe en Chile.

         El sistema de representación proporcional impide que el pueblo pueda realizar las correcciones necesarias en cualquier proceso político, al depositar en cúpulas políticas una intermediación obligatoria entre el electorado y su representación.

         La posibilidad de corrección está dada, en la teoría democrática (y en la práctica en los países anglosajones especialmente), por la vinculación entre el elector y el elegido. Cuanto más directa es esta vinculación, mayor posibilidad tiene la sociedad de participar en la gestión pública, rectificando políticas que pudieran perjudicarla.

         Y cuanto menor es esa vinculación, menor posibilidad de corrección tiene un sistema político.

         Chávez confunde, lamentablemente, el fracaso de ese sistema proporcional con el de una democracia representativa que nunca existió realmente en Venezuela, prisionera de unos cuantos caciques que la desvalijaron en su nombre.

         En Venezuela, y en Italia y en todas partes, fracasa el sistema de representación proporcional y lo hace porque impele a la formación de oligarquías políticas que terminan invariablemente incurriendo en los axiomas que Lord Acton enunció sobre el poder.

         La coalición que gobierna en Chile sabe esto perfectamente y por eso, precisamente por eso, desea reinstaurar en el país la representación proporcional. Su objeti no es mejorar la participación del pueblo en el gobierno, sino someter a la sociedad a la intermediación obligatoria, y harto lucrativa, de los partidos políticos.

         Usa muy bien, en ese propósito, la excusa de que el actual sistema de representación que existe en Chile fue hecho por Pinochet, como si eso invalidara por sí a un mecanismo cualquiera.

         Chávez y los políticos oficialistas chilenos se equivocan. 

 

  

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