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El caso de Maury Konig

Enrique Vargas Peña

20 de diciembre de 2000

   

El gobierno de Fernando Henrique Cardoso es, con el norteamericano de Bill Clinton, el sostén principal, por no decir único, del gobierno que preside en Paraguay el senador Luis Ángel González Macchi.

         El gobierno de Cardoso, a sabiendas, ha estado tolerando en Paraguay la comisión de atropellos contra los derechos humanos, prestando reconocimiento y soporte al grupo que, en marzo de 1999, abolió los mandatos surgidos de la voluntad libre del pueblo paraguayo para reemplazarlos por otros, pergeñados tras las verjas de las embajadas de Brasil, de Estados Unidos y del Vaticano por unos pocos políticos desleales.

         Cardoso hizo con Perú lo mismo que está haciendo con Paraguay. Allí apoyó con todo lo que pudo a la dictadura siniestra del japonés Fujimori, el tiranuelo tan admirado por Juan Carlos Wasmosy, llegando incluso a avalar el fraude electoral sin precedentes que para perpetuarse en el poder llevó a cabo el citado oriental en las recientes elecciones peruanas.

         El intelectual de izquierdas, pero sin moral, que desde Brasilia preside los destinos de la mayor nación de Sudamérica, no tuvo empacho alguno en hacer la vista al costado cuando le señalaban lo que ocurría en Perú como no tiene vergüenza alguna en hacer lo mismo cuando le muestran lo que, desde marzo del 99 se hace en Paraguay.

         Pero ahora Cardoso se encuentra con el caso del periodista brasileño Maury Konig, del diario “O estado do Paraná” que se encontraba haciendo una investigación periodística cuando fue detenido y torturado por personal que dijo pertencer a las fuerzas de seguridad de su gobierno paraguayo, uno de los cuales incluso estaba en uniforme oficial.

          La tortura y el terror que amenazan a cada paraguayo desde marzo de 1999, alcanzó finalmente a la ciudadanía brasileña a cuyo supuesto servicio el presidente Cardoso mantiene al gobierno paraguayo que opera de esa manera.

         Cardoso se lavará las manos, como siempre, aceptando seguramente la versión que habrá ya ordenado difundir a sus títeres paraguayos, pero el hecho cierto es que el caso de Konig puede permitir, de no mediar las presiones que suelen usar los inescrupulosos para silenciar los hechos, exponer ante la opinión pública brasileña la escandalosa política que su gobierno ha seguido en Paraguay.

         Una política que no es escandalosa tanto por la manera en que se han hecho prevalecer algunos intereses del gobierno brasileño, como porque para hacerlo se ha abandonado todo límite moral, apoyando a un gobierno en Asunción que está envuelto no solamente en hechos de corrupción y tortura que no se habían visto en el país desde la caída de Alfredo Stroessner (1989) sino en el esfuerzo persistenta y sistemático por limitar la democracia en Paraguay.

         Fernando Henrique Cardoso no es inocente de lo que sucede en Paraguay y tiene responsabilidad en los hechos que afectan a Maury Konig pues él, Cardoso, es uno de los pocos pilares en que se sustenta el régimen paraguayo. 

 

   

    

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