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Absurda intentona

Enrique Vargas Peña

19 de mayo de 2000

 

          Entre el jueves y viernes pasados se produjo y, como era de esperar, fracasó, un intento de rebelión contra la dictadura que encabeza el senador Luis González Macchi.

         La intentona era absurda por razones militares - evidentemente los alzados carecían de la audacia necesaria para producir hechos militares decisivos - pero principalmente porque otorga al régimen las excusas que la coalición de marzo buscaba para agudizar la represión política.

         No tengo ni la más remota intención de menoscabar el valor personal de quienes se juegan por una causa. El error no lo disminuye.

         Señalo, simplemente, que los alzados plantearon una táctica absurda. Y las tácticas absurdas se pagan, invariablemente, con la derrota.

         La dictadura, como también era previsible, no ha perdido tiempo en confirmar su autoritarismo: con la excusa que le dieron los alzados ha decretado el estado de sitio, para reprimir a discreción, y lanzó a sus corifeos a alentar la persecución de la oposición y a convocar a sus partidarios a la defensa del régimen.

         Pero esta ves sucedió algo que los oligarcas no esperaban: nadie, salvo ellos mismos, salió a las calles a defenderlos. Todos saben que el régimen sigue siendo el problema del Paraguay.  

         En cualquier caso, la caza de brujas, que se caracteriza por acusar a todo opositor de ser criminal, se ha relanzado con vigor.

         Los rebeldes han actuado, en efecto, sin prever la eventualidad de un fracaso, siempre posible, condenando a mucha gente inocente a sufrir más persecución de la que ya padece.

         Desde marzo de 1999 he venido sosteniendo que no hay que dar legitimidad a la dictadura, que hay que restarle excusas, que la única vía para recuperar la democracia en Paraguay es la de someter al régimen al plebiscito del pueblo, al modo de los liberales españoles de 1931, o de los reformistas iraníes de hoy.

         El fracaso de la absurda intentona del 18 al 19 de mayo de 2000 confirma que la verdadera oposición debe concentrarse en hacer sentir al régimen el repudio de la gente y que los verdaderos opositores son aquellos que pueden entender que cuando alguien les propone hacer estupideces, ese alguien está jugando a favor del régimen.

         Muchos paraguayos desean el final de esta pesadilla encabezada por González Macchi.

         Debemos saber que la pesadilla continuará indefinidamente, como la de Stroessner, mientras no haya una dirección clara, muy clara, en la oposición y mientras haya aventureros que recomienden acciones absurdas que sirven solamente para consolidar para consolidar el régimen que nos oprime. 

 

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