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El triunfo de Nicanor

Enrique Vargas Peña 

13 de mayo de 2001

        La situación del país difícilmente puede ser peor, los escándalos de corrupción salpican a toda la estructura del Estado, la economía decrece, la política exterior se encuentra totalmente sometida a Brasil y, sin embargo, los candidatos oficialistas triunfaron en las elecciones internas del partido Colorado del pasado 6 de mayo.

        Llamo “oficialista” a Nicanor Duarte Frutos por ser parte de la coalición de marzo (wasmosistas, argañistas, liberales, encuentristas y católicos) que sostiene al vigente régimen político paraguayo. No hay que confundirlo con los amigos del presidente Luis Ángel González Macchi que constituyen otra rama del oficialismo.

        ¿Qué razón es la que mueve al electorado a premiar con una rotunda victoria electoral a los sostenedores de un régimen institucional tan dañino?

        Ya han salido a la luz muchos argumentos manidos, lugares comunes que se aceptan de puro trillados y no por ser verdaderos, tales como que Nicanor hizo campaña durante tres años o que el aparato wasmoargañista compró cédulas y todas las justificaciones que usualmente se usan aquí para explicar las derrotas sin considerar la voluntad del pueblo.

        Yo me niego a despreciar así a mis conciudadanos. Aquí hay un resultado electoral que expresa un determinado sentir de la gente que supera el mero poder de los aparatos políticos.

        Los que hemos estado en la oposición al régimen inaugurado el 28 de marzo de 1999 tenemos miedo de decirnos la verdad: no hemos sido capaces de hacer llegar adecuadamente a la ciudadanía nuestro punto de vista sobre quien tiene la responsabilidad de la catastrófica situación nacional.

        De hecho, el oviedismo -la única oposición que existe en el Paraguay desde la caída de Raúl Cubas Grau- no hizo campaña tanto contra el mal gobierno de González Macchi como sobre la necesidad del reencuentro colorado.

        Nicanor Duarte Frutos fue mucho más radical que el oviedismo en sus críticas al gobierno a pesar de ser parte y sostén de ese gobierno.

        Los resultados están a la vista.

        Y hay otro factor, que ya han abordado otros analistas pero que merece ser mencionado: los colorados han votado como lo han hecho considerando que es preferible soportar a su sector de la coalición de marzo hasta el 2003 que experimentar con el sector liberal, que encabeza el vicepresidente Julio César Franco.

        En esa consideración, el electorado colorado coincide, a mi juicio, con el resto del país, independientemente de las consecuencias que pueda tener un eventual juicio político del presidente de la República y de las posturas que en ese proceso puedan llegar a tener Duarte Frutos o el oviedismo.

        El triunfo oficialista en las internas del partido Colorado exige a la oposición -me refiero al oviedismo- revisar cuidadosamente su discurso porque es evidente que el descontento público con el régimen, un descontento notorio, generalizado, no termina de encontrar en la Unión Nacional de Colorados Éticos el vehículo que necesita para producir los cambios que el Paraguay requiere.

    

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