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Reedición de marzo

Enrique Vargas Peña

17 de agosto de 2000

         

        Las fuerzas políticas que derrocaron al gobierno constitucional que había sido elegido el 10 de mayo de 1998 se encuentran preparando a todo vapor una reedición del marzo paraguayo que les permita retener el poder para seguir expoliando con impunidad al Paraguay.

        Si se observa la evolución del discurso de la oligarquía paraguaya entre setiembre de 1997 y marzo de 1999, se podrá notar que ella se encuentra ya reeditando los primeros pasos que condujeron al país a la tragedia.

        Excluyendo del análisis cualquier consideración acerca de la autoría de las muertes que enlutaron al país en marzo de 1999, resulta evidente que los mayores beneficiarios de los hechos fueron esas fuerzas y que los hechos mismos fueron resultado del clima de crispación que esas fuerzas habían alimentado persistente y vigorosamente desde aquel setiembre del 97.

        Es evidente, pues, que aún cuando dichas fuerzas no estuvieran involucradas en la comisión misma de tales hechos, hubo en ellas el deliberado propósito de producir un clima social y político propicio a hacer tolerable para la opinión pública un golpe militar como el ocurrido en marzo de 1999, hubo un plan, hubo coordinación en la acción, que tuvo éxito pleno.

        Consecuentemente, los dirigentes liberales, que participaron en aquella concertación autoritaria, serían muy ingenuos si no tuvieran dentro de sus cálculos la recurrencia de la oligarquía en un camino que ha recorrido con tan buenos resultados para ella.

         Según las versiones que están en las calles, la oligarquía estaría dispuesta a reconocer, como en 1998, el triunfo de una fuerza que para ella representa una amenaza, desde que supone una pérdida de control sobre el proceso político.

         Esta sería la movida para desactivar la resistencia ciudadana mientras se pone en marcha la reedición de un proceso semejante al culminado en marzo de 1999, lo que en términos sencillos significa que el régimen está sencillamente embarcado en un proyecto de ganar tiempo para reorganizar su propia perpetuación en el poder a pesar de la voluntad pública.

         Y en este propósito cuenta con el apoyo de Estados Unidos y de Brasil, que son, desde luego, los países que dan sustento a la dictadura paraguaya con el fin de proteger cada uno los intereses políticos que mantiene en el país.

         Las fuerzas electorales que dieron el triunfo, provisorio, al Dr. Julio César Franco están siendo puestas así entre la espada y la pared: o sobreviven hasta que las condiciones estén dadas para su desalojo como en marzo o ni siquiera se les brinda la chance de desarrollar política alguna.

         Esta es la disyuntiva ante la que están las fuerzas democráticas paraguayas. Es de esperar que no se equivoquen una vez más. 

 

   

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