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Víctimas y victimarios

Enrique Vargas Peña 

17 de enero de 2001

Es muy necesario, en orden a enfrentar el fenómeno con el que el régimen de marzo impide el cambio, comprender que existe una diferencia fundamental entre víctimas y victimarios en el proceso de prebendarización de la sociedad y que las víctimas no deben ser confundidas con los víctimarios. 

         Por prebendarización se entiende el proceso por el cual los capos del régimen incorporan a la mayor cantidad de gente “útil” (clases media y alta, líderes societarios) al sistema de corrupción general, beneficiándoles mediante tráfico de influencias con puestos o contratos públicos innecesarios y sobrepagados.

Es un proceso destinado a silenciar la crítica y establecer una base social para el régimen que ya había sido usado por Alfredo Stroessner.

Los victimarios son los mandatarios y funcionarios públicos que ofrecen esos puestos o contratos (caso del ministro Euclides Acevedo a Cástulo Franco, padre del vicepresidente de la República) y las personas que habiendo tomado conocimiento de la mecánica del régimen sobornan a mandatarios o funcionarios para lograr esos puestos o contratos.

Las víctimas son aquellas personas que, aceptando los recursos que se les ofrecen de la manera señalada, no se encuentran en ninguna de las categorías antes mencionadas.

Obviamente, la línea que separa a las personas que sobornan para lograr puestos y contratos de las que son receptoras pasivas de “invitaciones” prebendarias es borrosa e impone numerosas dificultades prácticas para el correcto discernimiento de los diversos casos.

El objetivo de establecer con claridad esta diferencia es hacer notar que el régimen no está constituido más que por una ínfima minoría inmoral que mantiene prisionera y despojada de su sentido ético a la mayoría.

El propósito es hacer ver a esa mayoría que es posible, y necesario, recuperar su sentido ético y trabajar por el cambio aunque sea aprovechando los recursos con los que el régimen pretende comprar la conciencia de la gente.

          Es aventurado afirmar que hay alguna fuerza política en el Paraguay capaz de ejecutar esta tarea. En realidad, los políticos de todos los sectores parecen más interesados en incorporarse cuanto antes al sistema que en cambiarlo para ahorrar al país el infortunio de la haitianización.

 

  

    

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